En La espía que me amó, una de las películas de James Bond, para encontrar los submarinos nucleares rusos y británicos que han desaparecido misteriosamente, Roger Moore, en el papel de 007, hace equipo con la agente soviética Anya Amásova (Barbara Bach).
Su misión los lleva a enfrentarse a un enemigo de los más peligrosos, el Tiburón (Richard Kiel), un gigante de más de dos metros con una mandíbula de acero. Al final, Bond se carga al empresario que paga la fiesta, aniquila su fortaleza y huye con la chica.
Esto es en la ficción. La realidad es más prosaica. Resulta que un comandante español ha sido suspendido y se ha tenido que enfrentar a la burocracia de la OTAN por su relación (¡iniciada por Tinder!) con una mujer de origen ruso, Janina White, ciudadana con triple nacionalidad —británica, polaca (…y rusa)— y presunta espía del Kremlin. La historia la publicó el diario británico The Telegraph y sucedió cuando el oficial español estaba en el Mando Marítimo Aliado, en la sede de Northwood, un lugar donde las tropas vigilan la actividad de los submarinos y barcos de guerra que provienen… de Rusia y que pasan por aguas británicas.
El español y la britanicopolaca de origen ruso iniciaron su relación a finales de 2024 y funcionarios de seguridad españoles y de la OTAN comenzaron a sospechar de la mujer con la que se paseaba ufano el militar español. Entre otras cosas, porque la chica habla ocho idiomas y sabe manejar armas. De modo que el personal británico de Northwood le retiró el acceso a las instalaciones temporalmente. Y meses después, durante el verano de 2025, el militar fue expulsado definitivamente de la base. Ahora el hombre está muy enfadado. Dice que estuvo "sometido a un proceso gradual y calculado de aislamiento social y profesional".
Funcionarios de seguridad españoles y de la OTAN comenzaron a sospechar de la mujer, entre otras cosas, porque la chica habla ocho idiomas y sabe manejar armas
La investigación sigue en marcha, pero Janina White lo niega todo: "Sé con toda seguridad que no soy una espía rusa. La última vez que lo comprobé, no lo era". Y, por si faltaba sentido del humor, asegura que no supo del trabajo en la OTAN de su novio hasta, más o menos, dos semanas después de conocerlo y cuando el militar español se enteró de que ella había nacido en Rusia… Bromeó que era bastante curioso, porque su trabajo consistía precisamente en vigilar la flota y los submarinos rusos. Oh my God.
El comandante la llevó a un evento navideño de la OTAN en la base de Northwood y, según su relato, dos veces más a instalaciones militares. Dos oficiales de inteligencia militar española viajaron al Reino Unido para advertirle que había incurrido en "dos brechas de seguridad": dejar papeles a su alcance y llevarla a la base.
¿Cómo ha acabado la relación? Pues, a diferencia de la película, la supuesta espía ya no sale con el militar ni han huido juntos. Según él, la chica tuvo que soportar demasiada presión. Curiosamente, meses después de acabar la relación, ella viajó a Rusia, donde un hombre le pidió tomar un café y se presentó como oficial de los servicios de inteligencia rusos. Dice que le preguntó los nombres de las personas implicadas en el caso: "Yo se los di".
Ustedes decidirán si era espía y, de serlo, si lo amó.