Intento asimilar el inaceptable comportamiento de este ministro Óscar Puente, especialmente después de la tragedia de Urda.
Es cierto que desde siempre ha parecido un personaje obtuso y tosco, más entretenido en la pelea de barro en X que en presentar proyectos de mínima envergadura. Y también es cierto que tiende a la fanfarronería prepotente, especialmente a la hora de vender grandezas de su ministerio, a pesar de la ruidosa incompetencia que demuestra. Asegurar una y otra vez que España tiene la "segunda mejor red ferroviaria del mundo" o afirmar que "el tren vive en España el mejor momento de su historia" han sido algunos de los despropósitos más sonoros de su mandato, especialmente hirientes en pleno desastre ferroviario sufrido por millones de usuarios diariamente en Rodalies, o ante las múltiples averías que sacuden la red, o el estado de permanente inseguridad que presenta la alta velocidad. Pero a pesar de la inconsistencia de toda esta charlatanería, Puente solo era un ministro ineficaz más de los muchos que pasean por este gobierno fallido. Boca grande y gestión pequeña, tan usual en el campo yermo del populismo.
Pero entonces llegó la tragedia de Adamuz y el balance de 46 personas muertas teñiría de sangre un ministerio que, en el mejor de los casos, presentaba problemas muy serios de gestión. Fue entonces cuando Óscar Puente demostró que, además de no tener altura política, quizás tampoco tenía la altura moral para gestionar una situación socialmente tan grave y emocionalmente tan impactante. Todo lo que pasó alrededor de Adamuz fue vergonzoso, desde su frivolidad asegurando que "la probabilidad de que se repita es muy baja, bajísima", hasta la famosa foto de la vía, colgada en X para demostrar que era nueva, y la foto reveló que el metal tenía entre 30 y 40 años, pasando por el escándalo de retirar trozos del carril roto antes de que la jueza del caso pudiera analizarlos en el lugar de los hechos. Todo fue chapucero, desorganizado, improvisado y carente de la mínima sensibilidad que requería una situación tan trágica. Mientras tanto, se iba conociendo la falta de inversiones, los avisos reiterados de los técnicos, el estrés de las plantillas, sometidas al control de más trenes sin ampliar el personal... Y entonces llegó el colmo: el divertimento de Puente en el programa de Giró haciendo bromitas sobre las averías de tren, cuando hacía pocos meses que habían muerto 46 personas. Todo ello, tan falto de delicadeza, de rigor, de seriedad.
Por responsabilidad, y por decencia, y por respeto a las familias, y porque es lo correcto en cualquier democracia seria, y porque ya no pinta nada en el cargo, y porque no tiene ninguna credibilidad para gestionar la crisis, y porque es insultante, por todo ello Óscar Puente tiene que irse lejos, muy lejos de la política
Y ahora..., de repente, la muerte que vuelve a las vías y destruye, en un instante, los sueños, los proyectos, las vidas de 69 personas, deja a 15 en situación crítica y a más de un centenar heridas. Un accidente terrible, una conmoción general, una infraestructura en descrédito absoluto y... un ministro que ha vuelto a demostrar una mezquindad política y una gran bajeza moral. De entrada, ha intentado desviar el peso de su responsabilidad señalando a un pobre operario de Adif, como si el problema fuera una persona y no toda una red que ya ha mostrado signos inequívocos de alto riesgo. Y después, la publicación de los audios de los últimos momentos del choque, sin respetar las últimas palabras de una persona que ha muerto. No puedo imaginar lo que ha significado para la familia la exposición pública de unos momentos tan trágicos. Al mismo tiempo, y es muy significativo, no solo no ha dimitido, sino que ha asegurado que no se iba del cargo por responsabilidad y porque él "no huía". ¿Responsabilidad? Justamente por responsabilidad, y por decencia, y por respeto a las familias, y porque es lo correcto en cualquier democracia seria, y porque ya no pinta nada en el cargo, y porque no tiene ninguna credibilidad para gestionar la crisis, y porque es insultante, por todo ello Óscar Puente tiene que irse lejos, muy lejos de la política. Ya no pinta nada, salvo para avergonzar todavía más el cargo que ostenta.
Pero, tal vez porque los insensibles no tienen límite, parece que Puente todavía quiere hacer más destrozos, y ahora se le ocurre la posibilidad de detener el AVE Barcelona-Madrid, creando un enorme pánico en la economía y en la ciudadanía. ¡¿Pero qué demonios hace este hombre?! ¿No se da cuenta de que está a dos minutos de dejar el cargo? ¿No se da cuenta de que se marchará dejando un balance penoso? Falta de inversiones, incapacidad de garantizar la seguridad, técnicos sustituidos por amiguetes, plantillas ahogadas..., un auténtico disparate. ¡Pero si hace dos días se gastaba 2,1 millones de euros para "estudiar" la velocidad a 350! Un ministro en caída libre, que ha tenido dos accidentes mortales gravísimos bajo su mandato, que tiene toda la red ferroviaria en situación precaria, que no ha sido capaz de presentar ningún proyecto sostenible, ahora quiere embarrar todavía más la situación anunciando paralizaciones que afectarían la movilidad de los 14 millones de personas que lo usan al año. Es tan bestia, que parece imposible.
Boca grande, gestión ínfima, fanfarronería suprema. Su balance, nuestra desgracia.
