Hace poco se ha publicado en Francia, por la editorial H&O, un libro de la filósofa Nadia Geerts que lleva por título L'affaire du tweet (El asunto del tuit). La autora, protagonista del asunto en cuestión, explica que todo empezó con un tuit torpe (pero verdadero) sobre los restaurantes abiertos en la Franja de Gaza.
La autora, cuando se dio cuenta de dónde se metía (que fue casi instantáneamente, pero demasiado tarde, después de publicarlo), lo retiró y se excusó. Pero todo fue en vano, porque las redes sociales ya habían emitido su veredicto.
En dicho libro, la filósofa explica no tanto una polémica personal como un desajuste colectivo. Es decir, ese momento en el que la emoción impide que se recuerden los hechos. Ese instante en el que el desacuerdo se convierte en una falta moral. Ese momento en el que cada uno debe elegir su campo, incluso antes de reflexionar.
El libro no deja de ser combativo, y a veces es introspectivo, y tiene interés porque la cuestión central que plantea es cómo preservar la razón cuando cualquier palabra sobre la Franja de Gaza —por ejemplo, y porque es el caso— se acaba tomando como si fuera una declaración de lealtad o de fidelidad respecto de una determinada causa. Una cuestión esencial, pues.
Geerts defiende, de forma inequívoca, el derecho a la duda, como yo mismo he defendido en varios artículos, sin querer compararme a ella. Nos recuerda, de hecho, que un sistema democrático no vive solo de convicciones, sino de la posibilidad de poder discutirlas. En definitiva, la autora entona una fuerte defensa contra el tribunal numérico y sus veredictos sin apelación posible.
No querría que este artículo diera la sensación de que toda la carga de la negatividad debe descargarse justamente sobre las redes sociales; muy al contrario, dado que, a mi parecer, pueden llegar a ser mucho más peligrosos los medios de comunicación convencionales y los periodistas que eligen las informaciones, si presentan estas informaciones bajo el prisma sesgado de las emociones y, en concreto, bajo el prisma sesgadísimo de sus propias emociones, y de las declaraciones mentales (o verbales) de fidelidad que hayan hecho a la causa que sea.
Un sistema democrático no vive solo de convicciones, sino de la posibilidad de poder discutirlas
Sé que escribiendo sobre la Franja de Gaza entro en escenarios pantanosos, donde las emociones, y las fidelidades (confesas o no, verbalizadas o no), juegan un papel fundamental, y donde cualquier intento de buscar la verdad más objetiva posible está condenado al fracaso más absoluto de antemano, porque cuando los temas y los hechos se viven desde posiciones de trinchera (ideológica o de cualquier otro origen), el hablar acaba anteponiéndose al razonar, y el diálogo se vuelve, así, imposible.
Pero, sabiendo todo esto, querría profundizar en un tema que se da por cierto, sin verificarlo, que es el del hambre y el de la condena que hacen sufrir los israelíes a la gente de la Franja para que mueran de hambre. Un sistema que tendría como objetivo último la eliminación de una parte significativa del pueblo que malvive en Gaza, lo que permitiría hablar de "genocidio".
Genocidio es un término jurídico tan maltratado últimamente que ha perdido, en buena parte, su sentido jurídico, comunicativo y moral. Ha perdido su sentido primigenio, y algunos, deliberadamente, le han querido hacer perder.
Pero vayamos a los hechos, y alejémonos (tanto como sea posible) de las emociones. En concreto, seguiré la investigación de Nora Bussigny, periodista del semanario francés Franc-Tireur, del que soy lector constante e interesado. Según esta información, y el conocimiento científico, el IPC que es en este caso —aparte de un medidor de la inflación en nuestro país— el Integrated Food Security Phase Classification (Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria). Es la herramienta global que realmente mide la gravedad del hambre y la inseguridad alimentaria en el mundo, y cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas como medidor eficaz del hambre y del estado nutricional de una determinada población.
Pues bien, las propias Naciones Unidas alertaron en agosto de 2025 sobre el hambre en la Franja de Gaza, y en el mismo sentido se manifestó el Nutrition Cluster, un mecanismo de coordinación humanitaria de validez internacional, dirigido por UNICEF a escala mundial.
Sobre las emociones y realidades respecto a este caso concreto hablaré en el próximo artículo. Continuará…