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Hace unos días, la marca colectiva de la UE "Corpinnat" presentó en Sant Sadurní d’Anoia los datos relativos a la vendimia del reciente y caluroso verano 2026. Este diario recogió las principales informaciones facilitadas en rueda de prensa, la mayoría de las cuales presentan signo positivo (más kilos, uva más sana, más miembros en el grupo Corpinnat, más compra de uva a agricultores, precio de la uva más alto), si no fuera por la servidumbre general del campo a los rigores de un cambio climático que se ha hecho notar con la vendimia más temprana de la historia. En este sentido, el futuro no pinta muy bien para nadie del sector del vino espumoso (más calor, lluvias irregulares y torrenciales, etc.), pero las cosas están así y habrá que adaptarse.

Desde el nacimiento de la marca Corpinnat, que a día de hoy ya comparten 24 bodegas, he seguido su trayectoria, del mismo modo que lo he hecho con la DO Cava, y he escrito artículos en ElNacional.cat, La Vanguardia y El Punt Avui. Recordemos que la marca colectiva en cuestión nació en 2018 a partir de la salida de un pequeño grupo de bodegas de la DO Cava porque no se sentían representados. De manera lenta pero segura, se han ido incorporando nuevas bodegas a la marca, hasta llegar a las 24 actuales, que pronto serán 25. Una de las incorporaciones más recientes y sonadas (y más dolorosas para la DO Cava) fue la de Juvé & Camps. Antes de seguir, quiero recordar que Corpinnat tiene un norte (la calidad) y una hoja de ruta clara: crianzas largas, vinificación en la propiedad, contratos estables con viticultores, precios obligados mínimos de compra por kg de uva, cosecha manual, producto ecológico, arraigo en el territorio, variedades de uva locales y requisitos técnicos de los más exigentes del mundo en vino espumoso, entre otros.  

De la rueda de prensa sobre la vendimia Corpinnat 2026 quiero destacar algunos puntos que considero diferenciales en el sector del vino espumoso e indicativos del tipo de criatura económica y territorial que ha creado la gente de Corpinnat. El primero es la singularidad del acto de presentación en sí. Que un grupo de elaboración de vinos espumosos haga balance de la vendimia del año (cantidad y calidad) es una operación de comunicación sencilla pero llena de transparencia, y una anticipación de la calidad de la materia prima del producto que se pondrá en el mercado en el futuro; en este caso, del 2028 en adelante. Se agradece la información.

El segundo punto que creo merece un destacado es el precio pagado por la uva por parte de los elaboradores. De los 10 millones de kilos que se han prensado, la mitad son de viticultores de la zona, que han recibido una media de 1,02 euros el kilo de uva, un precio algo superior al mínimo de referencia que se había establecido, que era de 94,3 céntimos. La cifra de un euro por kilo que han pagado en Corpinnat es de un nivel ligeramente por debajo de lo que se paga el kilo de uva en el Priorat (con producciones por hectárea mucho más bajas) y entre tres y cuatro veces superior al precio que ha pagado la DO Cava. El precio de Corpinnat queda lejos de lo que obtienen los viticultores de la Champagne, pero, situados en Catalunya, es el doble de lo que el INCAVI tiene calculado como coste de producción para el agricultor. Si el precio pagado por la DO Cava (que es la que compra más cantidad) sigue así, se está abocando a los viticultores a la ruina y, lamentablemente, se anticipa un arranque de viñedos. Las protestas recientes de Unió de Pagesos en el ámbito catalán, denunciando una "crisis estructural" en el campo, el aumento de costes y la caída de remuneraciones que ponen al sector "contra las cuerdas", tienen su expresión dramática en el Penedès. Y en este contexto —si bien con cifras todavía relativamente modestas—, Corpinnat es una excepción que va claramente en favor de la supervivencia de un cultivo histórico.

Que un proyecto nacido de la iniciativa privada, pero que tiene una retahíla de ingredientes de interés público, no interese a la administración catalana da un poco de pena

El tercer aspecto que me parece destacable parece increíble, pero es real. Se trata del olvido o menosprecio al que la Generalitat tiene sometida a la marca colectiva Corpinnat. Al parecer, a lo largo de los últimos años, ha habido muchas reuniones para informar sobre el proyecto y también para tener acceso a las mismas medidas de apoyo que benefician a otras organizaciones, como las DOP o las IGP. Los esfuerzos de Corpinnat han sido en vano, no han pasado del pour parler, de modo que, con franqueza y desde el máximo respeto a las decisiones de los responsables del dinero público, resulta decepcionante. Que un proyecto nacido de la iniciativa privada, pero que tiene una retahíla de ingredientes de interés público, no interese a la administración catalana da un poco de pena. Alguien se preguntará dónde está el interés público de Corpinnat. Pues radica en la valorización del sector agrario propio, el equilibrio territorial, el compromiso medioambiental, el producto de calidad que habla de tú a tú con el champán francés, el hecho de recibir anualmente los mejores premios internacionales y un empresariado y una gestión con arraigo en el territorio (personas físicas, gente con nombre y apellidos, con los que puedes hablar fácilmente). Corpinnat debería tener acceso a las líneas de apoyo que reciben las otras organizaciones del sector. Actualmente, no lo tienen y todo termina en buenas palabras y, curiosamente, sin ni siquiera ningún gesto de reconocimiento público, cuando el ejemplo de Corpinnat se podría utilizar de referente para el sistema productivo catalán.

Hasta el momento, Corpinnat es una historia de éxito, basándose en una apuesta innegociable por la calidad, la transparencia y la fidelidad al territorio. El mercado está dando su reconocimiento a la opción que representa. Le auguro un buen futuro. Todo hecho a través de iniciativa, organización y financiación privadas, sin ningún apoyo público, lo que resulta aún más meritorio.

¡Larga vida y a crecer!