La leyenda dice que Apple nació en el garaje de los padres de Steve Jobs. Uno de los cofundadores de la compañía, Steve Wozniak, lo desmintió ya hace unos años en una entrevista: “No diseñamos ni fabricamos nada allí. No hicimos pruebas ni prototipos, ni planeamos productos allí”. Vaya, la épica se va al traste...

Pues bien, un servidor está en condiciones de afirmar que El Nacional tampoco fue creado en el garaje de los padres de Steve Jobs. No, El Nacional nació en Barcelona. En la esquina de la calle Enric Granados con la Diagonal. Y no como un digital, sino que en las primeras épocas fue un blog que fue cogiendo músculo, hasta que en marzo de 2016 se convirtió en un digital. Y esto puedo afirmarlo porque estaba allí.

Ahora que hace 10 años de todo aquello, una de las tentaciones sería aprovechar para mirar atrás. Con nostalgia y añoranza. O para comprobar que el tiempo ha pasado muy rápido. Pero soy más partidario de hacer lo que llamaré “un balance evolutivo”. Para intentar aprender de los errores y encarar lo que está por llegar. Y ahora usted me dirá: “¿Ha escrito que no quiere saber nada del pasado?”. ¡No! Claro que hay que volver la vista hacia lo que se ha vivido, faltaría más. Porque saber de dónde vienes es imprescindible para saber quién eres. Pero si te quedas ahí, en lo que sucedió, estás perdido. Lo que ya ha sido debe servir, sobre todo, para decidir la mejor manera de enfocar el futuro. Debe ser el trampolín para hacerlo mejor.

Ahora mismo desconocemos la manera en que los medios de comunicación empaquetaremos los contenidos informativos y se los serviremos a nuestra clientela, pero tenemos claro que tendremos que aprender a adaptarnos a lo que venga. Porque si nosotros no estamos, vaya usted a saber quién puede ocupar el espacio que dejaremos vacío

Vivimos un momento en el que todo va tan deprisa que, mientras usted está leyendo esto, en la calle, el mundo ha cambiado seis veces. Tres del derecho y tres del revés. Por lo tanto, la experiencia de estos 3.652 días de El Nacional ha de ser el camino para saber evolucionar y adaptarnos a lo que ya está aquí. Y ahora viene la gran pregunta: ¿qué es esto que ya está aquí? Pues mire, me temo que ahora mismo no lo sabe nadie. El calcetín gira delante de nuestras narices, pero nadie sabe hacia dónde. Y me temo que no lo saben ni quienes lo hacen girar. Ahora mismo desconocemos la manera en que los medios de comunicación empaquetaremos los contenidos informativos y se los serviremos a nuestra clientela, o sea, a usted. Ni tampoco sabemos cómo evolucionarán los medios de comunicación. Pero tenemos claro que tendremos que aprender a adaptarnos a lo que venga. Porque si nosotros no estamos, vaya usted a saber quién puede ocupar el espacio que dejaremos vacío. ¿Supervivencia? Sí, pero también —y sobre todo— responsabilidad. Porque queremos seguir formando parte de nuestro país y seguir empujando para que sea lo más parecido a lo que queremos que sea.

Vienen nuevos lenguajes, nuevos formatos, nuevos canales, y vivimos pendientes de los algoritmos... Y fíjese cómo va la cosa, que incluso son nuevas las palabras que usamos para referirnos a lo que será. A partir de ahí, imagínese el resto. Y de aquí vaya usted a saber cuánto tiempo, alguien decidirá volver a cambiarlo. Hemos pasado de la TDT a las plataformas, del CD al streaming y de Facebook a TikTok... pasando por un YouTube que, parece, ahora vuelve, y para convertirse en la nueva manera de ver televisión. O lo que antes llamábamos televisión. Por en medio han muerto el minidisc, Periscope, Second Life, las impresoras domésticas y las 3D, la MTV, los escáneres de documentos, las Google Glass, Blockbuster, Motorola y el metaverso.

En estos 10 años hemos conseguido que El Nacional ofrezca una mirada diferente sobre las cosas. La nuestra. Que ha coincidido con la de cientos de miles de catalanes. Pase lo que pase, sea como sea, la voluntad de El Nacional es seguir explicando el mundo a nuestra manera. Si tienen la bondad de acompañarnos...