Más de 35 años han transcurrido entre la sesión constitutiva del Parlament de Catalunya de la primera legislatura (11 de abril del 1980) y la que ha alumbrado la undécima desde la recuperación de la democracia y el autogobierno. Seguramente hay que ir hasta aquella jornada primaveral de hace tres lustros y medio para encontrar un mínimo nexo con la historia de la sesión que se ha vivido en el Parc de la Ciutadella. De entre los 135 diputados de aquel Parlament inaugural, la Mesa de Edad recayó en Josep Maria Poblet, de 82 años y diputado de Esquerra Republicana. Se había exiliado en 1939, primero a Francia y después sucesivamente a Cuba  y a México, y no volvió a Catalunya hasta 1955. Poblet era escritor y moriría meses después víctima de un cáncer. Pero Poblet interpretó –e incomodó– a muchos de sus compañeros al salirse de una mera salutación protocolaria y recordó a los presentes las circunstancias de aquel momento histórico, incluido el último cargo que había ocupado durante la Generalitat republicana y la Guerra Civil, la presidencia del importante Tribunal de Cassació. El diputado de ERC habló de las derrotas y sufrimientos de Catalunya, de sus recuerdos –tristes–, de Macià, de Companys y el fusilamiento "por los enemigos de Catalunya", y de hombres y mujeres que habían estado en el bando republicano para los que pidió un minuto de silencio. Poblet animó a sus compañeros a actuar con rauxa y también con seny y a superar la voluntad autonómica de aquel momento. Su intervención no contó con los aplausos de lo que entonces era el sector más a la derecha del hemiciclo, la UCD de Suárez, pero por cortesía sí aplaudieron grupos como el del PSC.

Desde aquel 1980 ningún presidente de mesa de edad había ido tan lejos y siempre habían pronunciado discursos de poca trascendencia. Hasta que le ha tocado el turno a Julià de Jòdar, de la CUP, también escritor, y en un momento que guarda cierto paralelismo con 1980 por lo que supone de inicio de un tiempo nuevo y de un proceso que se quiere constituyente. Jòdar no se limitó a dar la bienvenida, sino que invitó metafóricamente a los diputados a salir de la "jaula" y huir ya que, dijo, Catalunya ya no se contenta con el pienso. Explicó su militancia independentista durante el franquismo y su oposición a la Constitución y al Estatut de Sau, el mismo al que curiosamente se oponía Poblet. Si este último acabó su intervención con un sonoro "Visca Catalunya lliure!" que tardaría varias décadas en volverse a oír desde la presidencia, Jòdar la finalizó con un "Visca la Terra!" y la electa presidenta del Parlament Carme Forcadell con un "Visca la República Catalana!".

Una docena de diputados iban sin corbata en 1980, según recogen las crónicas del momento. Más o menos los mismos que en este último pleno debían llevarla. Es un cambio si se quiere estético pero que representa los nuevos tiempos y la llegada al hemiciclo de todo un vendaval de ruptura democrática. Aquélla que no se supo o no se pudo hacer en el inicio de la transición política en España y que ahora 62 diputados de Junts pel Sí y diez de la CUP, en condiciones sumamente difíciles y con un mandato electoral de iniciar el proceso hacia la independencia, tratan de llevar a cabo aunque sea violentando la legalidad española.