Toni Comín se responsabilizará del recién nacido Consell de la República y Lluís Llach redactará el embrión de la futura Constitución catalana. El artículo de los miércoles se podría acabar en esta misma frase, que lo dice todo, pero hay que ganarse el sueldo porque los catalanes, decía el sabio, somos gente que hace cosas. Bien, vamos pasito a pasito: en primer lugar, el Consell de la República es un nuevo fraude del procés, por el simple hecho que la República no existe, y no porque no la reconozca ninguna instancia política internacional, que también, sino porque no la defienden ni los propios líderes soberanistas que no han sido capaces ni de defender la poca soberanía del Parlament tras el 21-D. En segundo lugar, que Comín sea gerente de esta entidad platónica se nos ha vendido como un hecho que sella y certifica la unidad del independentismo, cuando ―en el fondo― la amistad (sincera) del antiguo conceller de Salut con Carles Puigdemont no ha hecho sino irritar el Espíritu Santo de Lledoners, celoso como una matrona siciliana, y hoy por hoy Comín está más cerca de entrar en La Crida que no de quedarse en Esquerra. Si no me creéis, preguntaros por qué ha sido Junqueras, y no el amigo Toni, quien se ha autoproclamado candidato de los republicanos a las elecciones europeas. Como en tiempos de Pujol, el líder encabeza las candidatura sin preguntar a la militancia. ¿Por qué debería hacerlo, si el capataz supremo tiene contacto directo con Dios?

Bien, sigamos. Por si la escasa pompa de la presentación del Consell fuera insuficiente, ahora también sabemos que Lluís Llach será nuestro James Madison y trabajará en el embrión de la futura Carta Magna de la tribu. El cantautor ha tenido ilustres predecesores, como el juez español Santi Vidal, pero el president Torra ha considerado que valdría la pena empezar de cero. Tiene todo el sentido del mundo, y esperamos anhelantes que nuestra futura Carta Magna incluya fragmentos estelares de la canción Neofatxes globals e incluso alguna de las maravillosas interjecciones con las que Lluís animaba sus bellísimas canciones: desiiiiiiiii, assassiiiiiiiiiiiiins. Si Llach escribe nuestra Constitución, es de toda lógica que Núria Picas y Kílian Jornet elaboren juntos el nuevo Código Penal de la República y que mi querida Empar Moliner trabaje en la creación del futuro conglomerado mediático del país. Es importante que Llach no curre solo, faltaría más, y también es una noticia fantástica que Bea Talegón (profunda conocedora del Derecho Civil catalán) le acompañe en tamaña difícil labor. Han olvidado, porque un descuido lo puede tener cualquiera, al profesor Cotarelo, a quien yo modestamente encargaría la escritura del título preliminar de la futura Constitución. Él sabe perfectamente que en Catalunya somos gente agradecida y llenamos los bolsillos de los simpatizantes españoles de nuestra causa. ¡Que así se escriba!

¡Esta nueva República pinta de maravilla! ¡De verdad que será un placer internacionalizarla! Ahora sí que el mundo nos mirará. Criatura dolcíssima que fores, Catalunya meva.

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