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El plan del Gobierno era desinflar la ametralladora judicial de julio y llegar con cierta paz a septiembre. Recuperar iniciativa política como hizo hace justo un año, cuando Pedro Sánchez ocupó el espacio con la defensa de la solución de los dos Estados para Palestina. La agenda internacional ha vuelto, pero a la inversa. Ceuta ha sido el primer debate de calado en el Parlamento Europeo y el Ejecutivo asume ya el desgaste ante la imposibilidad de devolver la normalidad a la ciudad hasta 2027 —por llamarlo de alguna manera y en cálculos de Sánchez—. Una crisis poliédrica que lo acompañará hasta las elecciones por la imposibilidad de acelerar las reubicaciones y las devoluciones. 

Es el peor escenario para el Gobierno porque coloca el debate migratorio, la integración y el conflicto social en el marco donde gana Vox. El lugar donde también el PP cree haber encontrado su posición, lejos del cordón sanitario defendido por el canciller alemán Friedrich Merz. Feijóo, en Badalona, embrión de ambas derechas, está más cerca de las posiciones de endurecimiento contra los migrantes que despuntan en las encuestas sociológicas que del discurso de resolución humanitaria de Sánchez. Y es un terreno especialmente difícil para el Gobierno por su propio fracaso en Ceuta, con una actuación lenta, tardía y negligente.

Es imposible que el Gobierno se recupere del efecto ceutí. Y lejos de dominar este relato, coincide con la lluvia fina que más daño hace a la marca PSOE y a la imagen del Gobierno. Zapatero, Begoña Gómez, Leire Díez. Tres casos de muy distinta naturaleza despuntan con las resoluciones judiciales tras la apertura del año judicial. La tormenta de posibles imputaciones más nucleares para el partido y la vuelta del caso Santos Cerdán vendrá después.  

Zapatero, Begoña Gómez, Leire Díez. Tres casos de muy distinta naturaleza despuntan con las resoluciones judiciales tras la apertura del año judicial. La tormenta de posibles imputaciones más nucleares para el partido y la vuelta del caso Santos Cerdán vendrá después

Zapatero tiene tres días para explicar el origen de las joyas. Si el expresidente lleva al juez hasta Qatar para preguntar por el ajuar, difícilmente podrá desvincularse de un patrimonio que nunca declaró. Y luego están sus hijas, ya imputadas, a las que Zapatero no salvó en su entrevista en TVE, sino que instó a que fueran ellas mismas quienes dieran explicaciones. Tendrán que aclarar los 447.095 euros ingresados por las consultoras del padre por trabajos de difícil justificación, una declaración que será el primer paso para despejar cómo se disparó en los últimos cinco años el patrimonio familiar.

El juicio con jurado popular a Begoña Gómez agita al votante de derechas sin desgastar a Sánchez. Al contrario, la exageración y las contradicciones intrínsecas a la causa se utilizan en el Gobierno para desacreditar casos de corrupción con recorrido y responsabilidades políticas. Ha ocurrido con la condena a su hermano, que sirve para alimentar los discursos del PP mientras en el espacio progresista se interpreta como una nueva expresión del lawfare, una aplicación del derecho del enemigo que retuerce una instrucción hasta conseguir la primera condena por enchufe. El verdadero efecto político dependerá de la fecha que se fije para el juicio de Begoña Gómez y de si Sánchez decide utilizarla para adelantar o retrasar las elecciones, siempre que pueda elegir cuándo las convoca.

El banquillo electoral favorece a Alberto Núñez Feijóo a dos bandas porque atornilla al Gobierno y a Isabel Díaz Ayuso. Es difícil saber si la presidenta madrileña podrá renovar su candidatura en un Ejecutivo madrileño que acusa ya guerras internas y el olor de la pérdida de poder y control de su presidenta. El ático tiene por delante su recorrido parlamentario y probablemente judicial. Si por fin se admite a trámite, se desandará el camino hasta destapar lo que parece una residencia que podía utilizar Ayuso, de 6,4 millones de euros, con un expediente de difícil justificación que esclarecerá quién, cómo y con qué fin se ordenó la compra. Feijóo conseguiría evitar lo que sufrió Mariano Rajoy, deshacerse de la oposición dentro del partido, el Madrid DF que planta cara a Génova desde tiempos inmemoriales. Está por ver si Génova consigue cerrar esa grieta antes de que se rearme su oposición interna.