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Meses antes de las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos, Donald Trump, al observar que las encuestas no le aseguraban la victoria frente a Joe Biden, puso en duda la legitimidad de los resultados. Aunque era el presidente en ejercicio, declaró en varias ocasiones que los demócratas manipularían el voto por correo. Celebradas las elecciones, el escrutinio se prolongó, pero los tribunales acabaron confirmando la victoria de Biden. Trump proclamó que le habían robado la presidencia y llamó a sus partidarios a asaltar el Congreso. Trump ha creado escuela y gana adeptos… también en España.

El Partido Popular está aplicando al pie de la letra el mismo guion trumpista. Como siempre, Isabel Díaz Ayuso marcó el camino. "Ni se os ocurra votar por correo", dijo la presidenta madrileña, dado que "tenemos al hombre más tramposo de la democracia", en referencia, obviamente, a Pedro Sánchez. Tras unas horas de dudas, el líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, que había sido presidente de Correos, fijó definitivamente la doctrina: "No hay que desconfiar de los trabajadores de Correos, pero sí de sus directivos", dijo y anunció que propondrá a la Junta Electoral Central "medidas adicionales" para evitar el fraude en el voto por correo.

Desde el inicio de la legislatura, el Partido Popular y también Vox han centrado su labor de oposición no tanto en ofrecer alternativas a las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez como en negar su legitimidad. Se la niegan porque ha articulado una mayoría parlamentaria a base de hacer concesiones a los enemigos de España, como son los independentistas catalanes y el resto de republicanos. Para el PP, Vox y buena parte del deep state español, Sánchez es un traidor, un traidor a la patria, y por lo tanto, está absolutamente justificado desalojarlo del poder por cualquier medio.

La consigna de la derecha española es que Sánchez lidera una conspiración republicana y antiespañola —ya les gustaría a algunos— que los poderes del Estado están obligados a desarticular como sea

Solo faltaba el giro que ha dado el debate político en torno a la crisis de la vivienda, con el añadido emocional de la muerte repentina de Maricarmen. Las angustias en el Partido Popular se han disparado, y es el miedo a un resultado adverso lo que lleva a poner en duda, por si acaso, el resultado de las elecciones en caso de que no les sea favorable. Trump lo dijo bien claro: solo aceptaría el resultado si ganaba él.

Las dudas sobre la limpieza de las elecciones forman parte de la tesis deslegitimadora que atribuye al proyecto político de Pedro Sánchez una conspiración que los poderes del Estado en su conjunto —jueces, militares y policías— estarían obligados a desarticular.

El propio José María Aznar lo ha dejado bien claro esta misma semana en Sevilla: "Si la actual coalición de Gobierno volviera a articularse, el sistema constitucional, la unidad y la monarquía que hemos conocido hasta ahora se acabarían".

Las palabras del expresidente forman parte de una consigna que viene arrastrándose desde hace tiempo y que verbalizan los columnistas de referencia de las derechas. Hace semanas que Pedro J. Ramírez repite que "la democracia está en suspenso en España" y que "si la democracia no acaba con Sánchez, Sánchez acabará con la democracia".

Carlos Herrera, el periodista amigo del rey emérito, proclamaba esta misma semana, desde la emisora de los obispos, que "si Sánchez pudiera organizar una mayoría parlamentaria, estaríamos a las puertas de una autocracia absoluta; nos jugamos la supervivencia de la democracia".

Al sembrar dudas sobre el voto por correo, el PP copia al pie de la letra la estrategia de Donald Trump, que consistió en deslegitimar primero el resultado electoral que daba la presidencia a Joe Biden y liderar a continuación el asalto al Congreso

Quien mejor desarrolló la consigna fue el notario López Burniol, con un artículo que La Vanguardia no publicó: "El objetivo que persigue esta revancha, iniciada desde el poder por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del rey Juan Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abolir el régimen implantado por ella; d) derrocar al rey Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y después por el otro); y e) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación". Ya les gustaría a muchos demócratas de verdad...

Cuando Donald Trump puso en duda la limpieza de las elecciones de 2020, los periodistas le preguntaban durante la campaña si aceptaría el resultado en caso de derrota y si llevaría a cabo un traspaso de poder sin problemas. Lo que hizo fue convocar el asalto al Congreso.

Ahora convendría trasladar la misma pregunta a Feijóo y a Abascal: si pierden, ¿aceptarán el resultado? O, más directamente: "Si pierden, ¿asaltarán el Congreso?".