Aunque en Catalunya estemos en mantillas en cuanto al debate público, cuando oímos hablar o leemos algo sobre tecnologías cuánticas, debemos pensar en términos de soberanía. En este sentido, es primordial que sepamos entender y sepamos hacer funcionar estas tecnologías para poder disponer de elementos de defensa, y de elementos que nos ayuden a detener los ciberataques provenientes de injerencias de terceros países, normalmente adversarios (o que ya sería hora de que empezáramos a considerar como tales). No en vano la UNESCO declaró el año 2025 como el año de la cuántica, y en este ámbito también cabe destacar que Francia (potencia atómica, no lo olvidemos) desarrolla desde el año 2021 un potente programa de inversiones para permitir, a la propia Francia y al conjunto de Europa, posicionarse como líder en este campo.
Gracias a la criptografía cuántica se puede detectar cualquier tentativa de introducción en nuestras redes, así como cualquier tentativa de ciberataque
En este punto cabe destacar también la importancia de la criptografía cuántica, una tecnología útil y que debe emplearse en situaciones en las que estemos confrontados a adversarios deshonestos o a adversarios frente a los que hay que proteger la confidencialidad de los mensajes, y esto con el fin de impedir, por ejemplo, la piratería de las transacciones financieras o de los datos de salud de los usuarios de centros sanitarios o sociosanitarios. La criptografía cuántica reposa, desde el punto de vista tecnológico, sobre leyes físicas inmodificables. De manera que permite transferir a larga distancia informaciones codificadas en partículas físicas mediante el uso de canales públicos, como la fibra óptica o los satélites. Gracias a la criptografía cuántica se puede detectar cualquier tentativa de introducción en nuestras redes, así como cualquier tentativa de ciberataque. De todos modos, debemos tener muy presente que China es, desde 2016, el líder mundial de esta tecnología. Esto, ¡finalmente!, ha despertado el interés de Europa y de Estados Unidos de América. Por eso, en 2018 la Comisión Europea lanzó la Quantum Technologies Flagship, dotada con mil millones de euros. Exactamente, como ya ocurrió con la inteligencia artificial, Europa se dio cuenta de que no podía estar ausente de este cambio tecnológico, sobre todo en un contexto geopolítico tan amenazante, cambiante e incierto como el actual.
El aparato defensivo (los ejércitos y otras fuerzas de intervención rápida) de los Estados europeos sigue con interés la evolución de los diferentes pilares de las tecnologías cuánticas (captores, cálculo, comunicaciones, etc.) para prepararse frente a determinadas evoluciones geopolíticas que comportarían tanto beneficios como riesgos. Me parece que habrá que reflexionar urgentemente sobre una regulación ética y jurídica de estas tecnologías que presentan posibilidades tan invasivas. Pero también habrá que estar vigilante respecto a los riesgos provenientes de Estados Unidos, donde la cuántica se está desarrollando a la misma velocidad que lo hace lo numérico. Además, la actual Administración (pero no solo) dispone de una estrategia muy ofensiva en el plano comercial, de manera que el reto para Europa se basa en encontrar (ya) los capitales necesarios para desarrollar estas tecnologías y para poder pasarlas a materializarse en una esfera industrial y presentada como oferta.
Este ejemplo de la cuántica nos sirve en el momento preciso en que Europa ha perdido su mejor aliado hasta ahora: el aliado americano. Esta pérdida nos debería incentivar, ahora y aquí, a reforzar la soberanía, tanto militar como tecnológica, europea. Europa tiene muchas potencialidades, pero se las tiene que creer. Estamos en el lado bueno porque seguimos leyendo, seguimos reflexionando, seguimos amando la complejidad, y somos capaces de atraer talentos que buscan un refugio y que encuentran entre nosotros el estímulo de la libertad de espíritu y de creatividad. Es necesario que sigamos siendo fieles al equilibrio sutil que permite proteger la libertad de expresión de la intoxicación y de la incitación al odio. Entre unos Estados Unidos que lo permiten (aparentemente) todo, incluso la intoxicación y el odio, pero anulan la ironía, y una Rusia y una China que lo censuran todo, queda todo un mundo: el nuestro.
Para respirar este aire libre y salir del catastrofismo, hay que protegerse a la vez del pesimismo; de las injerencias, tanto de la americana como de la rusa, como de la china, y hay que liberarse de los frenos que amenazan nuestros cerebros. No es justo hacernos elegir entre dos males, sino que hay que seguir imaginando, libremente y con calma, los remedios y los progresos. ¡Pero los de verdad!