Circula que, en una reunión de la cúpula de Aliança Catalana, algunos miembros plantearon la conveniencia de presentar candidaturas a las elecciones generales, dado que las encuestas les pronosticaban hasta tres diputados, lo que supondría mucho dinero y una enorme notoriedad mediática. Sin embargo, Sílvia Orriols respondió que, si la dirección del partido lo acordaba, ella abandonaría Aliança Catalana y crearía otro partido que no concurriría a las elecciones generales. Orriols es una mujer de palabra con sus patrocinadores.

La reciente encuesta del CEO y las declaraciones de la propia Sílvia Orriols confirman que la operación política que supone la irrupción de Aliança Catalana en el mapa político catalán es la misma que intentó anteriormente Plataforma per Catalunya, del exmilitante de Fuerza Nueva Josep Anglada, con la diferencia de que el momento es mucho más propicio: fracasaron los partidos del Procés, ayudan las inercias y los apoyos en el mundo occidental de la secta de Steve Bannon, todo comienza en Ripoll, y no por casualidad, y el fenómeno de la inmigración, convertido artificialmente en un problema mediante malas artes, se ha transformado en una de las principales preocupaciones de la sociedad catalana.

Aliança Catalana no pasará nunca de ser un partido de agitación y propaganda. Nunca gobernará porque no tiene proyectos, no tendrá la fuerza ni la capacidad de buscar acuerdos con ninguna otra formación política. Hacer tanto ruido como pueda es la función que tiene encomendada y de ello el principal beneficiario es justamente el Partit Socialista

Sin embargo, Aliança Catalana no es lo que dice, sino lo que hace. Hay que ser muy ingenuo para creer que es un partido independentista cuando va incorporando a sus filas a personajes de inequívoca trayectoria anticatalana y les dispensa una calurosa acogida. Tanto es así que, según la encuesta del CEO, buena parte de los votantes de Vox en las elecciones generales —donde Aliança no quiere hacerle la competencia— consideran a Aliança como el voto útil en las autonómicas. El partido de Sílvia Orriols es, de hecho, la marca blanca de Vox para las elecciones al Parlament de Catalunya, especialmente en las circunscripciones de Girona y Lleida, donde el partido de Abascal nunca tendrá una estructura suficiente, y donde Vox no sirve para alcanzar un objetivo tan principal como impedir que vuelva a repetirse una mayoría democrática soberanista. En la reciente encuesta del CEO, los partidos que se reivindican independentistas suman 74 diputados, es decir, más que nunca, pero Aliança hace imposible esa suma (también Esquerra Republicana, que ha decidido un cambio de producto que le está dando buenos resultados).

Aliança Catalana tampoco es un partido contrario a la inmigración. Su discurso es estrictamente islamófobo. No dice absolutamente nada de la inmigración más numerosa, la procedente de Latinoamérica, que plantea un reto mayor en la cuestión lingüística. Será porque la mayoría también son católicos y conservan algún sentimiento hacia la "madre patria", exactamente igual que hace Vox en España.

Aunque el PSC gobierna la Generalitat, los principales ayuntamientos y las diputaciones, y tiene el favor casi unánime de los medios de comunicación, el Ejecutivo de Salvador Illa muestra paradójicamente una tendencia a la baja con una pérdida de diputados que inexorablemente irá creciendo cuando el PSOE caiga

Al margen de la islamofobia, apenas se conocen proyectos de Aliança Catalana que permitan identificarla como un partido que defienda los intereses de los catalanes mediante propuestas económicas, de infraestructuras o sociales que vayan más allá de las mismas recetas genéricas de bajar los impuestos y aplicar la "prioridad nacional", exactamente igual que Vox e incluso el Partido Popular. Quizá por eso no hace falta ir a Madrid a disputar votos a sus homólogos.

Y lo que está más claro que el agua es que Aliança Catalana, a diferencia de Vox que sí aspira a gobernar, nunca pasará de ser un partido de agitación y propaganda. Nunca gobernará porque no tendrá la fuerza ni la capacidad de buscar acuerdos con ninguna otra formación política. Hacer todo el ruido que pueda es la función que tiene encomendada, y el principal beneficiario de ello es, precisamente, el Partit Socialista. Por eso el president Illa ha contribuido más que nadie a convertir de facto a Sílvia Orriols en la jefa de la oposición en el Parlament. Orriols nunca será una rival del PSC, pero ha irrumpido precisamente para neutralizar a cualquier otro competidor de los socialistas.

No debe pasar inadvertido el dato según el cual la institución que genera menos confianza entre los catalanes es la monarquía española. Recibe un suspenso rotundo: 2,2

Todos los medios han destacado de la encuesta del CEO el pronóstico del fulgurante ascenso de Aliança Catalana a costa de Junts per Catalunya que, pese a recibir los peores pronósticos y demostrar una evidente desorientación estratégica, sigue siendo el adversario a batir tanto para los medios del establishment como para los digitales que celebran ese ascenso como una victoria propia. Sin embargo, la encuesta del CEO ofrece una imagen política del país muy significativa que, a dos años de las elecciones catalanas, dibuja más bien una situación de difícil gobernabilidad.

Cuando se pregunta a los encuestados qué partido puede resolver los problemas económicos, de seguridad o de pobreza, más de la mitad responden que ninguno o que no lo saben. Ello denota una escasa confianza en cualquier opción política y, especialmente, en quien gobierna actualmente. Lo cierto es que, gobernando el PSC la Generalitat, los principales ayuntamientos y las diputaciones, y contando con el favor casi unánime de los medios de comunicación, el Ejecutivo de Salvador Illa muestra una tendencia descendente, con una pérdida de diputados que, según todos los sondeos, irá inexorablemente en aumento si el PSOE es desalojado del Gobierno, como muy tarde, el próximo año. Siempre que al PSOE le va mal, el PSC acaba pagando las consecuencias.

Y para terminar, no debería pasar inadvertido el dato según el cual la institución que genera menos confianza entre los catalanes es la monarquía española. Recibe un suspenso rotundo: un 2,2. Hay que reconocerle a Joan Rodríguez el coraje de preguntar y de publicar la respuesta. El CIS no se atreve.