¡Ayer, sí! Ayer, 27 de octubre del 2017, finalmente fue el día histórico que no pudo ser el pasado 10-O. La aprobación de la moción mediante la que se declaraba la independencia de Catalunya se saldó con 70 votos a favor, 10 en contra y 2 abstenciones. Lo que fue una lástima es que los diputados del PP, PSC y Ciudadanos abandonaran el hemiciclo para intentar deslegitimar la votación. No acabo de entender estas actitudes de boicot parlamentario, porque lo más fácil hubiera sido sumarse a los votos en contra de independencia y listo. Los partidos unionistas practican estos gestos de desprecio solo en el Parlament de Catalunya, pues no he visto jamás que se ausentaran ni del Congreso ni del Senado. Existe un tipo de personas que solo respectan las instituciones que sienten suyas.

Sea como sea, ayer se acabó en Catalunya el Régimen del 78, un día antes del 44 aniversario de la detención de los 113 de la Assemblea de Catalunya, que fue uno de los grandes errores de la dictadura, pocos años antes de la muerte de Franco. Aquella detención masiva favoreció la cohesión de la oposición antifranquista y, además, ayudó a internacionalizar la causa catalana. El retorno del president Tarradellas el 23 de octubre de 1977 no se puede entender sin la Assemblea de Catalunya ni sin aquella redada policial del 28 de octubre de 1973. Quien quiera explicar la Operación Tarradellas sin tener en cuenta ese antecedente es que no sabe nada de historia. El retorno de Tarradellas no fue cosa de cuatro burgueses preocupados por detener el avance de la izquierda catalana. Fue algo más.

Ahora comienza la etapa más dura de este viaje que comenzó en 2010, a raíz de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía

Estos días de aniversario, los unionistas han querido utilizar a Tarradellas en contra de los soberanistas y, en especial, en contra del president Carles Puigdemont. Pero hay fenómenos que son incomparables. Y el primero, y más evidente, es que Tarradellas no pretendió separarse de España jamás, a diferencia de Carles Puigdemont. Tarradellas fue a Madrid a negociar la restauración de la Generalitat autónoma y su regreso como presidente legítimo de los catalanes. Carles Puigdemont, en cambio, desde el 27-S del 2015 ha intentado negociar con el gobierno español los términos del ejercicio del derecho a decidir o de autodeterminación de los ciudadanos de Catalunya. Son dos acciones muy diferentes, aunque tengan como trasfondo el reconocimiento de Catalunya como nación. Aquel grito de "libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía" de los años de la transición, ahora se ha transformado, a la vista de la deriva autoritaria de los partidos del Régimen del 78, en "libertad, amnistía y autodeterminación".

La Catalunya independiente que nació ayer todavía no ha sido reconocida por nadie. Tardaremos en verlo, pero hay que actuar desde ahora mismo con mentalidad de país independiente

La única manera de preservar la libertad es separarse de España y, para hacerlo, hay que ejercer el derecho a la autodeterminación. Sólo así se podrá lograr la libertad de los presos políticos. Ahora comienza la etapa más dura de este viaje que comenzó en 2010, a raíz de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía. Y ayer, en Madrid y en Barcelona, el 27 de octubre tomó un carácter distinto. Mientras que en el Senado los diputados del PP espoleaban a Mariano Rajoy para que reprimiese a los catalanes y destituyese al president catalán y a su Gobierno como si asistieran a un combate de gladiadores, en el Parque de la Ciutadella la proclamación de la República catalana se vivió como una fiesta. En Madrid son sanguíneos, en Barcelona a veces se es naíf. Pero unas reacciones tan diferentes son otra prueba, otra más, de que Catalunya no es España, digan lo que digan los dirigentes unionistas.

Hoy somos República, y Catalunya aspira a ser el 194 estado miembro de las Naciones Unidas. No será fácil, porque entre los actuales 193 Estados miembros de las Naciones Unidas, solo 187 están reconocidos por todos los demás. La Catalunya independiente que nació ayer todavía no ha sido reconocida por nadie. Tardaremos en verlo, pero hay que actuar desde ahora mismo con mentalidad de país independiente. "A todos nos corresponderá mantener el pulso del país", dijo ayer el president ante los alcaldes que le aclamaban tras la proclamación de la República. Y para mantenerlo vivo, lo primero que habrá que hacer es desobedecer los actos de represión que nos quiera aplicar el gobierno de un Estado claramente enemigo. Solo así se podrá ganar. 

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