Antes del 9-N, Carme Forcadell, entonces presidenta de la ANC, se equivocó al exigir de forma exagerada y desconfiada que el president Mas “pusiera” las urnas. Creo que la misma Forcadell hoy en día se arrepiente de aquellas presiones, que invitaban a la prisa y ponían en entredicho la voluntad real del Govern de convocar la consulta del 9-N, que finalmente tuvo lugar. La represión del Estado ha “demostrado” hasta qué punto el Govern estaba “implicado” en la organización de aquella consulta. Elisenda Paluzie vuelve ahora a hacer de Forcadell sin pensar que quizás comete el mismo error que cometió en 2014 la expresidenta de la ANC. El pasado viernes por la noche, una veintena de miembros de la ANC se encerraron en la sede de la Comisión Europea en Barcelona, en el paseo de Gràcia. Al día siguiente, Paluzie anunció un “cambio” en las acciones “típicas” de la ANC —lo que significa masivas— para adoptar unas acciones “más directas” que representen “asumir riesgos”, siguiendo siempre los principios de la “lucha no violenta y la resistencia pacífica”. Para Paluzie, la represión política con que considera que se está conviviendo no debería alejarnos de los objetivos políticos de la entidad y por eso quiere apostar por acciones que permitan “debilitar los pilares del poder de quien nos oprime”. Según los portavoces de la ANC, las acciones más directas no solo tendrán Europa como objetivo. La Assemblea se plantará desde este lunes —4 de febrero— hasta el 1 de marzo en la plaza San Jaume, ante el Palau de la Generalitat, para exigir al Govern que cumpla con “el mandato” del 1-O e implemente la república. Según un correo electrónico dirigido a los socios de la ANC, a partir de hoy y durante 20 días, convocarán a la ciudadanía para que se concentre en la plaza de 9 a 21 horas para recordar al Govern su “obligación de llevar a cabo el mandato que el pueblo de Catalunya le dio el 1 de octubre de 2017”. También tienen previsto desplegar una pancarta bajo el lema “¿Qué estáis haciendo para aplicar el mandato del 1 de octubre?”. ¡El error Forcadell!

No entraré a valorar la decisión de la actual dirección de la ANC de culpar al Govern por la situación actual. Cada cual es libre de atribuir las derrotas a quien le plazca, a pesar de que no he sabido encontrar en los documentos de la ANC la idea de que esta organización social se defina como un tribunal que fiscaliza la acción del Govern, del Parlament o de los partidos. Los estatutos de la ANC son muy claros. El artículo 2.1.b. indica que la misión de la asociación es “aglutinar a todas las personas que trabajan con objetivos afines a los de la Assemblea Nacional Catalana, ya sea desde todo tipo de grupos, entidades, movimientos, partidos políticos, ya sea individualmente.” ¿Es que el Govern de la Generalitat y los partidos que le apoyan no trabajan para “promover la creación de las condiciones políticas y sociales necesarias para el logro y la constitución del estado catalán propio, independiente, de derecho, social y democrático” (art. 2.1.a)? Que los objetivos sean afines no comporta que las estrategias tengan que ser idénticas.

La ANC es una organización social que si alguna virtud ha tenido es que ha conseguido lo que se proponía, que era aglutinar el independentismo civil 

Pero quienes conocemos a Paluzie de cerca sabemos que tiende a recriminar a los que no piensan exactamente como ella. No es una mujer de consenso. Al contrario. La ANC es una organización social que si alguna virtud ha tenido es que ha conseguido lo que se proponía, que era aglutinar el independentismo civil —con menos injerencias partidistas que otras entidades cívicas, sea dicho de paso— y extender por todo el territorio la movilización a partir de unas secciones territoriales activísimas y más pluralistas que la propia dirección. Ninguna de las manifestaciones, cadenas, vías o como se hayan denominado las movilizaciones de los últimos 10 años habrían llegado a organizarse sin el concurso de la ANC. La Assemblea es una organización de masas y no el refugio de una vanguardia hipermotivada pero selecta que un día se encierra en la sede de la Comisión Europea y otro convoca una plantada en la plaza Sant Jaume o en el parque de la Ciutadella. La ANC es mucho más que ese tipo de acciones minoritarias, más propias de los CDR, y que los portavoces de la entidad denominaron “directas”. ¿Qué es más “directo” que reunir un millón de personas en la calle las veces que haga falta? Me sorprende que la ANC haya decidido reducir sus acciones a actos tan insignificantes como ocupar edificios. Si la ANC quiere imitar a los impulsores del movimiento del 15-M —y ahora tampoco voy a valorar que es lo que queda de aquello—, por lo menos tendría que tener la capacidad de proponer y sostener una acampada multitudinaria e indefinida —al estilo de las míticas a plazas Tharir o Maidan— con Elisenda Paluzie y toda la dirección de la ANC al frente. Recuerdo un artículo de Jordi Graupera, publicado en agosto de 2017, donde aseguraba que proponer un Maidan era perder: “Es enredar la situación hasta convertirla en inoperativa. Implica flirtear con el caos y dejar el orden en manos de las fuerzas del statu quo. Suponiendo que le haga falta, ¿qué le cuesta al Estado infiltrar disturbios? Maidan es el escenario que permite al Estado emplear la policía legítimamente y a la política catalana lavarse las manos”. Al joven Graupera no le faltaba razón. Pero su argumento servía —y sirve— para todo tipo de acciones.

En 1877, el anarquista Paul Brousse —con el tiempo se uniría al socialista Jean Jaurès— escribió un artículo cuyo título ya era una declaración de principios: Propagande par le fait, refiriéndose a las acciones de la Comuna de París de 1870. La “propaganda por los actos” —o sea la creencia que las formas ejemplares de acción directa encenderán el fervor revolucionario de la clase obrera—  se convirtió en una doctrina anarquista de la mano de Kropotkin. En Catalunya tuvo bastante incidencia entre algunos miembros de los primeros núcleos obreristas, pero finalmente fue desplazado por la fuerza del anarcosindicalismo. Las discrepancias entre los partidarios de la acción directa y los de la huelga dividieron el anarquismo en dos mundos. Eran dos formas diferentes de entender el obrerismo que separaba a los anarcocomunistas de los anarcocolectivistas. Para estos últimos, la acción directa alejaba a los sindicatos del pueblo. Lo importante de las movilizaciones —decían— son sus efectos. No creo que haya nadie tan estúpido que niegue la importancia de las grandes convocatorias ciudadanas promovidas por la ANC y Òmnium en la última década. Quien no sepa ver los resultados de esa movilización es que está ciego o lo ciega el sectarismo. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, claro que sí, pero resulta completamente estéril organizar acciones para presionar a quien, como tú, es perseguido por el Estado o bien reducir tu capacidad de movilización con acciones protagonizadas por unos pocos notables. La obligación de una asociación como la ANC es, precisamente, tal como se apunta en el artículo 2.2 de sus estatutos, organizar todo tipo de actividades para multiplicar los partidarios de la independencia de Catalunya.

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