La independencia no se consigue presentándote como candidato a las elecciones del Estado que te oprime. El sueño húmedo de ganar una mayoría absoluta a través de las elecciones de un Estado represor en el que no representas, siendo muy optimistas, ni un 15 % de los votos (porque dudo que un extremeño vote a un partido independentista) y declarar la independencia, no se hace realidad —me sabe mal decirlo de una manera tan directa— ni en las películas de Disney. O bien eres muy tonto o bien —me inclino más por esta opción— no tienes ninguna intención de declarar la independencia. Tampoco es probable que puedas pactar con los partidos —repito— del Estado opresor para que te regalen la independencia (por más que bailes al ritmo de Jamaican después de haber engañado a toda la gente que confió en ti). Y aún menos que los partidos catalanes que os presentáis a las elecciones dejéis vuestro orgullo aparcado un rato y os pongáis de acuerdo para conseguir este objetivo común. Suponiendo, que es mucho suponer, que seáis realmente partidos independentistas. Y aunque consiguierais cerrar filas, nunca tendríais la mayoría absoluta ni podríais autorregalaros la independencia desde los escaños del Congreso. En este planeta —en los otros no lo sé—, nunca se ha regalado la independencia de un territorio. Por más flamenco que bailes y toros que torees.
Ahora va a salir el típico (la típica o il típique) que va a decir: los partidos catalanes se tienen que presentar a las elecciones españolas porque, si los catalanes no tenemos representación en el Congreso y en el Senado, van a estrangularnos aún más. ¿De verdad es eso posible? O sea, ¿queréis decir que aún nos pueden estrangular, humillar y hundir más? ¿Hace falta que ponga ejemplos del estado de degradación en el que se encuentra Catalunya? Sé que hay mucha gente que prefiere no ver la realidad y mirar hacia otro lado, pero la degradación está tan generalizada que, mires donde mires, te topas con la decadencia. En este sentido, el único partido que me parece coherente es Aliança Catalana, que ha anunciado que no se presenta a las elecciones españolas del 29N porque su objetivo es restituir el Estado catalán y mejorar las condiciones de vida de los catalanes. La CUP no se presenta por otros motivos: el resultado que sacarían (continuar sin representación) no les compensa el esfuerzo que tienen que hacer para presentarse. Me parece legítimo este ahorro de energía: necesitan mucha para combatir el "fascismo".
El primer paso para conseguir la independencia de un país es quererla, creérsela y asumir que no será un camino de rosas (y si lo es, tendrán muchas espinas). Nunca la conseguirás presentándote a las elecciones del país opresor
Cualquier partido que prometa la independencia de Catalunya y se presente a las elecciones españolas huele a chamusquina —por más que se presente con el inocente lema "Fuera España" para echar al Estado español de Catalunya (ni Mr. Bean habría encontrado una estrategia mejor). El primer paso para conseguir la independencia de un país es quererla, creérsela y asumir que no será un camino de rosas (y si lo es, tendrán muchas espinas). Nunca la conseguirás presentándote a las elecciones del país opresor. Es incoherente: si no eres español, ¿por qué te presentas a las elecciones españolas? ¿Te presentarías a las elecciones de Finlandia? El país opresor nunca te permitirá independizarte. Y menos si te necesita para sobrevivir. El resto son lágrimas de cocodrilo y promesas de pacotilla para continuar viviendo del cuento a costa de los votantes.
La raíz del problema, sin embargo, es que los políticos catalanes no ven —ni quieren ver— la decadencia del país porque viven en zonas que se han encargado de que no se degraden y se pueden permitir una sociedad del bienestar privada gracias a los sueldos que les pagamos. ¿Cómo nos puede representar esta gente? Sean de izquierdas, de derechas o del medio (como les gusta llamarse ahora a los de Junts). Sumemos también a todo esto la idiotización de la población y un batiburrillo de culturas con valores opuestos y tenemos como resultado una sociedad intolerante, narcisista y radicalizada que se cree que lo sabe todo y que, en vez de hablar y escuchar como una persona adulta, quema edificios históricos y da palizas a la gente que no piensa como ella. La avaricia de unos pocos ha destruido al resto. Lo que nos hace falta no son unas elecciones españolas, sino centrarnos en los problemas reales que tenemos y buscarles soluciones de una vez. Pero quizás ya llegamos tarde.