No hace falta tener 200 CV para disfrutar de una moto deportiva. Las superbikes actuales ofrecen prestaciones extraordinarias, pero buena parte de su potencial resulta difícil de aprovechar fuera de un circuito. Yamaha lleva tiempo defendiendo una filosofía diferente con la R7, una motocicleta que apuesta por la ligereza, la agilidad y unas prestaciones más razonables. Su propuesta es sencilla: disfrutar de cada curva sin necesidad de alcanzar velocidades desorbitadas.
La Yamaha R7 utiliza el conocido motor bicilíndrico CP2 de 689 centímetros cúbicos, una mecánica que también ha demostrado su eficacia en otros modelos de la firma japonesa. El propulsor entrega aproximadamente 73 CV de potencia y 67 Nm de par máximo. Su respuesta resulta progresiva y permite aprovechar el empuje disponible sin tener que llevar constantemente el motor al límite.

La moto que eligen los amantes de las curvas
La diferencia aparece especialmente en las carreteras de curvas. Mientras una superbike exige controlar una potencia enorme, la R7 permite concentrarse en las trazadas, las frenadas y la salida de cada viraje. Su chasis compacto y su posición de conducción deportiva favorecen una conducción precisa. Yamaha ha conseguido una moto que transmite sensaciones sin necesidad de recurrir a cifras espectaculares.
La parte ciclo también está preparada para una conducción exigente. La R7 incorpora una horquilla delantera invertida, suspensión trasera ajustable y un equipo de frenos con doble disco delantero. Su carenado aerodinámico y sus semimanillares refuerzan su carácter deportivo. El conjunto ofrece estabilidad y agilidad, dos cualidades especialmente apreciadas cuando la carretera empieza a retorcerse.

Una deportiva muy liviana
Otro aspecto importante es el peso. La Yamaha R7 se mueve alrededor de los 190 kilos en orden de marcha, una cifra que facilita los cambios de dirección y las maniobras. Su tamaño contenido también permite afrontar desplazamientos cotidianos, aunque la postura inclinada y el asiento deportivo pueden resultar exigentes en viajes largos.
El consumo y los costes de utilización también juegan a su favor. Su motor bicilíndrico necesita menos combustible que muchas deportivas de gran cilindrada. Además, sus prestaciones permiten disfrutar de la conducción sin recurrir constantemente a velocidades elevadas. Como suele decirse, más vale maña que fuerza, especialmente cuando aparecen las curvas.