Hay gestos que millones de conductores realizan a diario sin darles importancia. Uno de los más habituales consiste en girar el volante mientras el coche está completamente parado. Es algo frecuente al aparcar o al salir de una plaza estrecha. Sin embargo, los especialistas en mecánica llevan años advirtiendo de que esta costumbre puede provocar un desgaste innecesario en varios componentes del vehículo.
Cuando el coche está inmóvil, los neumáticos permanecen totalmente apoyados sobre el asfalto. Al girar la dirección en esa situación, las ruedas no ruedan, sino que se arrastran ligeramente sobre la superficie. Esto genera una resistencia mucho mayor que cuando el vehículo avanza aunque sea a muy baja velocidad. Como consecuencia, distintos elementos del sistema de dirección tienen que soportar un esfuerzo adicional.

Los expertos recomiendan girar el volante con las ruedas en ligero movimiento
En los coches antiguos, especialmente los que carecen de dirección asistida, este problema era todavía más evidente. El conductor debía aplicar mucha fuerza sobre el volante y esa tensión terminaba afectando a piezas como los rodamientos, la cremallera de dirección o incluso algunos componentes de la suspensión. En los modelos modernos el riesgo es menor, pero no ha desaparecido por completo.
Los expertos recomiendan realizar las maniobras con el vehículo avanzando o retrocediendo lentamente. Basta con que las ruedas estén en movimiento para que el esfuerzo sobre la dirección disminuya de forma notable. Es un gesto sencillo que ayuda a prolongar la vida útil de numerosos elementos mecánicos y que además hace que las maniobras resulten más suaves.
Otros errores comunes con la dirección
También conviene evitar otra práctica muy común. Muchos conductores giran el volante hasta el tope y lo mantienen en esa posición durante varios segundos. Esta acción obliga al sistema de asistencia a trabajar al máximo. En algunos vehículos puede provocar un desgaste prematuro de la bomba de dirección o de otros componentes asociados al mecanismo.
Los bordillos son otro gran enemigo de la dirección y de la suspensión. Subirlos o bajarlos con brusquedad puede alterar la alineación de las ruedas y acelerar el desgaste de los neumáticos. Además, los impactos repetidos terminan afectando a silentblocks, amortiguadores y otros elementos encargados de mantener la estabilidad del coche.