Muchos conductores creen que dejar el coche parado durante una temporada es la mejor forma de conservarlo. Parece lógico. Si no se utiliza, no se desgasta. Sin embargo, los mecánicos advierten de que la realidad es muy distinta. Un vehículo está diseñado para funcionar con regularidad. Cuando permanece inmóvil durante demasiado tiempo, algunos componentes pueden deteriorarse incluso sin recorrer un solo kilómetro.
El problema afecta a multitud de elementos. Los lubricantes dejan de circular, las piezas móviles permanecen siempre en la misma posición y determinadas gomas comienzan a perder propiedades. Además, la humedad y los cambios de temperatura favorecen la aparición de corrosión. Lo mismo sucede con otros objetos mecánicos, pero en un automóvil las consecuencias pueden resultar mucho más costosas.

Dejar el coche parado no es la mejor solución para conservarlo
Uno de los expertos que ha alertado sobre esta situación es Javier Sendín, elegido mejor mecánico de España en 2023. Según explica, dejar un coche inmóvil durante semanas o meses puede afectar a componentes tan importantes como la suspensión, los silentblocks o la propia batería. Algunas piezas de goma pueden resecarse o deformarse al soportar siempre la misma carga y en la misma posición.
La batería es precisamente uno de los elementos que más sufren. Tanto en coches de gasolina y diésel como en híbridos y eléctricos, una larga inactividad favorece la descarga progresiva. Si el acumulador ya tiene cierta edad, el riesgo aumenta todavía más. En algunos casos, el resultado puede ser una sustitución prematura que obliga a pasar por caja antes de lo previsto.
Sorpresas desagradables muy costosas
Los neumáticos tampoco se libran. Cuando el vehículo permanece parado durante mucho tiempo, soportan constantemente el peso sobre el mismo punto de contacto. Esto puede provocar deformaciones y vibraciones posteriores. No suele ser un problema grave durante unas pocas semanas, pero sí puede convertirse en una molestia cuando los periodos de inmovilización se prolongan durante meses.

Los especialistas señalan que el riesgo empieza a aumentar de forma notable a partir de los 45 días sin mover el coche. Organizaciones como la American Automobile Association recomiendan prestar especial atención a partir de ese momento. También aconsejan guardar el vehículo en un lugar seco, protegido de la humedad y de las variaciones extremas de temperatura.
Si el coche va a pasar una larga temporada detenido, conviene revisar los niveles de aceite, refrigerante y líquido de frenos antes de volver a utilizarlo. También es recomendable comprobar el estado de la batería y la presión de los neumáticos. Y hay otro detalle importante: la gasolina pierde propiedades con el paso del tiempo. Por eso, los mecánicos recuerdan que un coche no está hecho para permanecer olvidado durante meses. Utilizarlo periódicamente sigue siendo la mejor receta para evitar averías costosas.