El Mazda MX-5 lleva más de tres décadas demostrando que un deportivo no necesita cientos de caballos para resultar divertido. Desde su aparición en 1989, el pequeño descapotable japonés ha defendido una fórmula sencilla: poco peso, propulsión trasera y una conexión directa con el conductor. Una filosofía que parece ir a contracorriente en una industria cada vez más tecnológica. Sin embargo, para Máximo Sant, experto en motor, precisamente ahí reside su atractivo.
El especialista ha reivindicado los automóviles que todavía permiten disfrutar de una conducción tradicional. Sant considera que los cambios automáticos, las pantallas y la creciente presencia de sistemas electrónicos han transformado profundamente el mercado. Aunque estas tecnologías facilitan muchos desplazamientos, también han reducido la oferta de vehículos concebidos para quienes disfrutan especialmente al volante.

Un deportivo de los que ya (casi) no quedan
“Todavía quedan coches que puedes disfrutar conduciendo”, sostiene Sant. Su principal ejemplo es el Mazda MX-5, un modelo que conserva algunas características prácticamente desaparecidas entre los deportivos asequibles. El experto destaca su ligereza, su motor de 184 CV, la tracción trasera y una transmisión manual que considera entre las mejores del mercado. Su valoración no puede ser más relevante: “Un milagro que este coche siga existiendo”.
La historia del MX-5 ayuda a entender su personalidad. Mazda recuperó a finales de los ochenta el espíritu de los pequeños deportivos británicos, pero añadió la fiabilidad y la facilidad de uso propias de un automóvil japonés moderno. El resultado fue un descapotable que conquistó a conductores de todo el mundo. Su éxito demostró que las sensaciones pueden importar más que las cifras de potencia.

Sant también menciona otros deportivos que mantienen esa filosofía. Entre ellos aparecen el Toyota GR86 y el Subaru BRZ, ambos con motor delantero, propulsión trasera y cambio manual. El especialista incluye igualmente al Caterham, heredero del legendario Lotus Seven, y al Lotus Emira. Son automóviles diferentes, pero todos conceden un papel protagonista al conductor.
Enemigos de las normativas anticontaminación
Su selección incorpora propuestas todavía más particulares. El Morgan Plus Four mantiene una fabricación artesanal que recuerda a otra época. El Suzuki Jimny y el Ineos Grenadier, por su parte, representan una manera tradicional de entender los todoterrenos. Sant reconoce que estas alternativas son cada vez menos habituales. “Quedan muy poquitos, pero algunos quedan”, lamenta.
El experto cree que las nuevas normativas de emisiones y la electrificación complicarán la continuidad de algunos modelos. Por eso, recomienda no dormirse en los laureles a quienes quieran disfrutar de esta clase de automóviles. El Mazda MX-5 representa una especie en peligro de extinción: un coche pensado, ante todo, para disfrutar conduciendo.