Wolin, la isla polaca que esconde entre playas las armas secretas de Hitler

A primera vista, Wolin parece un destino de vacaciones más del litoral polaco. Playas del Báltico, bosques frondosos, acantilados y pueblos costeros. Pero bajo esta postal turística hay una historia mucho más oscura (y sorprendente). En el interior de la isla todavía se pueden encontrar los restos de uno de los proyectos de armas más extraños de la Alemania nazi: la V-3, un enorme cañón que los ingenieros de Hitler querían convertir en un arma capaz de bombardear ciudades a cientos de kilómetros.

El lugar es Zalesie, cerca de Międzyzdroje, dentro del actual parque nacional de Wolin. Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército alemán instaló allí un campo secreto de pruebas para experimentar con la V-3, conocida como la "Stonoga", o ciempiés, por su característica estructura. No era un cohete como la V-2 ni una bomba voladora como la V-1, sino un cañón de dimensiones extraordinarias.

La idea era tan ambiciosa como poco convencional. La V-3 utilizaba una sucesión de cargas explosivas situadas a lo largo del cañón para ir acelerando el proyectil a medida que avanzaba. El modelo más grande probado en Wolin tenía unos 130 metros de largo. Según la información del museo dedicado al arma, los alemanes construyeron tres instalaciones experimentales en Zalesie, de 60, 80 y 130 metros.

Los nazis querían atacar Londres

El proyecto formaba parte de la llamada "arma de represalia" nazi y el objetivo final era poder atacar Londres desde la costa francesa. El proyecto, sin embargo, no llegó a cumplir las expectativas. Los bombardeos aliados afectaron a las instalaciones francesas previstas para desplegar el arma y, a finales de 1944, las pruebas se concentraron en modelos más pequeños. La V-3 llegó a utilizarse brevemente contra objetivos en Luxemburgo, pero sin el éxito que sus diseñadores habían imaginado.

En Wolin, en cambio, todavía queda el rastro. El museo de Zalesie ocupa un antiguo búnker donde se guardaban municiones y conserva una exposición dedicada al proyecto. En el entorno también se pueden ver los restos de las posiciones de tiro. Según el Parque Nacional de Wolin, en Zalesie todavía se conservan las estructuras de hormigón que sostenían los cañones V-3, así como un pequeño museo instalado en un antiguo búnker donde se almacenaban los proyectiles.

Pero reducir Wolin a su historia nazi sería perderse buena parte del encanto de la isla. Muchos siglos antes de la Segunda Guerra Mundial, este territorio ya era un lugar de paso y de intercambio. La ciudad de Wolin fue un importante centro comercial eslavo durante la Edad Media y algunos investigadores la han relacionado con Jomsborg, el mítico asentamiento asociado a los vikingos, aunque esta identificación sigue siendo discutida.

La historia entre el turismo y la naturaleza

Hoy, la historia queda encajada entre naturaleza y turismo. El Parque Nacional de Wolin, creado en 1960, protege bosques de haya, zonas húmedas, la costa báltica y algunos de los acantilados más espectaculares de Polonia. Es un paisaje que cuesta asociar con los experimentos militares que se hicieron allí hace ochenta años.

Pero el pasado militar de la isla y de sus alrededores no termina en Zalesie. En el extremo occidental de Wolin, junto a Świnoujście, se conserva otro testimonio de esta historia. Según el Ayuntamiento de Świnoujście, el complejo subterráneo conocido hoy como la Ciudad Subterránea comenzó como una batería de artillería costera construida por los alemanes en los años treinta. Después de la Segunda Guerra Mundial, el ejército polaco reconvirtió las instalaciones en un puesto de mando de reserva y conectó los antiguos búnkeres mediante casi un kilómetro de túneles.

Hoy, Wolin es una isla de playas, bosques y pueblos tranquilos. Pero bajo esa calma aún perduran las huellas de una historia marcada por el comercio, la guerra y algunos de los experimentos militares más ambiciosos del siglo XX.