En Narva, la ciudad estonia que mira directamente hacia Rusia desde el otro lado del río, la frontera cada vez se parece menos a una simple línea que separa dos países. Las fortificaciones, los obstáculos antitanque y los controles de seguridad forman parte de un paisaje que está cambiando al ritmo de la guerra de Ucrania. Ahora, Estonia ha anunciado que construirá unos 150 búnkeres en el noreste del país, junto a la región rusa de Leningrado, en una nueva fase del refuerzo de su defensa ante una posible amenaza militar de Moscú.
La iniciativa forma parte de la Línea de Defensa Báltica, un proyecto conjunto de Estonia, Letonia y Lituania para proteger las fronteras orientales de la OTAN. Según ha informado el medio público estonio ERR, el ministro de Defensa, Martin Herem, ha explicado que un centenar de los nuevos búnkeres se instalarán en terrenos estatales y una cincuentena más en propiedades municipales o privadas. El gobierno negocia con los propietarios fórmulas de compensación, alquiler o compra de los terrenos.
Los 150 búnkeres forman parte de un plan mucho más amplio: Estonia prevé instalar hasta 600 estructuras defensivas a lo largo de su frontera oriental, en un proyecto valorado en cerca de 60 millones de euros. La red incluye también trincheras antitanque, obstáculos de hormigón conocidos como "dientes de dragón" y alambre de concertina. El objetivo es dificultar cualquier avance militar y proteger a los soldados en caso de ataque. Según ERR, las primeras fortificaciones ya se han instalado cerca de Narva, aunque el despliegue acumula retrasos por disputas en los procesos de contratación. La previsión es completar el proyecto a finales de 2027.
Los efectos de la invasión rusa en Ucrania
Pero detrás de las cifras hay una población que convive con una realidad cada vez más compleja. Narva tiene unos 50.000 habitantes y es una de las ciudades más rusófonas de la Unión Europea. Al otro lado del río Narva está Ivangorod, ya en territorio ruso. Durante décadas, las relaciones familiares, sociales y económicas entre las dos orillas fueron habituales. La invasión rusa de Ucrania, sin embargo, ha acentuado las divisiones.
Un reportaje publicado el 19 de octubre por el medio ucraniano Hromadske recoge las diferentes percepciones de los residentes. La periodista local Ievgenia Parv explica que algunos vecinos ya hablan de posibles planes de evacuación y que hay quienes incluso han comprado propiedades en otros países europeos. "No creo que pase, pero lo que hace Rusia me genera inquietud", afirma. Otros habitantes, en cambio, consideran exageradas las advertencias sobre una posible invasión. Un grupo de pescadores entrevistados en la orilla del río atribuye las tensiones a los intereses políticos y recuerda con nostalgia la época en que las dos comunidades mantenían una relación mucho más estrecha.
La militarización tampoco se limita al lado estonio. En la región rusa de Leningrado, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) ha impuesto restricciones temporales de movimiento en los distritos de Kingisepp y Slantsy, cerca de la frontera. Según ERR, las medidas incluyeron limitaciones a la navegación por el río Narva y prohibiciones de circulación nocturna en una franja de cinco kilómetros. Las autoridades rusas las justificaron para prevenir infracciones fronterizas y proteger los recursos naturales. El responsable estonio de fronteras, Andris Viltsin, advirtió, sin embargo, que Moscú está dedicando cada vez más recursos a reforzar la vigilancia de la zona.
A pesar de este aumento de la tensión, las autoridades estonias no presentan las obras como la respuesta a un ataque inminente. El mismo organismo público encargado de las inversiones en defensa explica que la finalidad es prepararse en tiempo de paz para poder reaccionar rápidamente si la situación empeora.
Letonia y Lituania también levantan sus defensas
La militarización de la frontera oriental no se limita a Estonia. Letonia y Lituania también han acelerado sus planes de fortificación frente a Rusia y Bielorrusia, en el marco de la Línea de Defensa Báltica, acordada por los tres países en 2024. En Letonia, las obras ya incluyen la excavación de trincheras antitanque y la instalación de miles de bloques de hormigón conocidos. Según la televisión pública letona LSM, a finales de octubre ya se habían excavado los primeros seis kilómetros de trincheras, mientras que el programa de refuerzo fronterizo prevé una inversión de 303 millones de euros en cinco años.
Lituania, por su parte, ha optado por ampliar la red de instalaciones militares cerca de las fronteras con Bielorrusia y el enclave ruso de Kaliningrado. Según el medio público LRT, el país prevé pasar de 27 a 50 parques de equipamiento militar, donde se almacenan obstáculos antitanque y otros elementos que se podrían desplegar rápidamente en caso de crisis. El plan también contempla preparar carreteras y puentes para dificultar el movimiento de tropas y aprovechar elementos naturales, como los humedales, para reforzar la defensa del territorio.
