La participación de Israel en Eurovisión ha vuelto a situar el festival, un año más, en el centro de una crisis que ya no es solo musical. En plena semana grande del certamen, y con el boicot de España y otros países como telón de fondo, una investigación publicada por el New York Times sostiene que el gobierno de Benjamin Netanyahu ha utilizado el concurso como una “herramienta de poder blando” para reforzar la imagen internacional del país en un momento de fuerte rechazo por la guerra en Gaza. Según el diario norteamericano, Israel habría desplegado una “campaña bien organizada por el gobierno” para promover el voto a favor de sus representantes en el festival. Esta estrategia habría incluido anuncios en internet en varios idiomas, mensajes en las redes sociales y llamadas directas al televoto, con el objetivo de presentar un apoyo popular europeo que contrastara con el aislamiento diplomático creciente del país.
El New York Times afirma que Israel gastó al menos un millón de dólares en promoción vinculada a Eurovisión, con parte del dinero procedente de la oficina del primer ministro. Otras informaciones recogidas a partir del reportaje sitúan este gasto dentro de la llamada oficina de “hasbara”, destinada a defender la imagen exterior de Israel y sus políticas.
Una estrategia que viene de años atrás
El caso no habría comenzado ahora, ya que según el mismo rotativo, las campañas institucionales para favorecer la candidatura israelí se remontan al menos a 2018, el año en que Netta ganó el festival con Toy. Aquella victoria, leída inicialmente como un éxito musical, habría abierto la puerta a una estrategia más amplia: convertir el escenario de Eurovisión en un escaparate internacional útil para mejorar la reputación del país.
La intensificación habría llegado sobre todo en las últimas ediciones. En Malmö 2024, según los datos citados por la investigación, el gasto israelí en promoción habría alcanzado los 800.000 dólares. El grueso habría salido del Ministerio de Asuntos Exteriores, con una aportación adicional de la oficina vinculada al primer ministro para trabajar la “promoción del voto”.
El mecanismo señalado por el diario es especialmente sensible porque Eurovisión permite votar varias veces desde una misma línea o dispositivo. En ediciones recientes, los mensajes promocionales vinculados a Israel habrían animado a los espectadores a votar “hasta 20 veces”, el máximo permitido entonces. El mismo Netanyahu, según recoge la investigación, también habría compartido publicaciones pidiendo el voto para la candidatura israelí.

La clave del debate es si estas campañas han alterado o no el equilibrio del televoto. El New York Times no afirma que haya pruebas directas de un fraude organizado en la votación, pero sí que subraya que, en algunos países con poca participación, unos cuantos centenares de votos repetidos pueden decantar el reparto de puntos.
Los resultados de Israel en el televoto han alimentado las sospechas. El país quedó muy bien situado en el voto popular tanto en el 2024 como en el 2025, a pesar del fuerte rechazo político y social que su participación generaba en varios estados europeos. En España, según los datos recogidos en las informaciones publicadas, Israel habría obtenido cerca de un tercio del voto popular en una final con una veintena larga de candidaturas, muy por delante del segundo país más votado.
🚨 New York Times publica en exclusiva el desglose del Televoto de España en la Final de #Eurovision 2025
— El EuroRincón (@eurorinconn) May 11, 2026
‼️ Israel consiguió el 33,34% de los votos, cerca de 40 mil votos más que el segundo clasificado. pic.twitter.com/sh5DuxaVG5
La polémica también afecta directamente a la Unión Europea de Radiodifusión, el organismo que organiza el festival. Las normas de Eurovisión permiten promocionar una candidatura, pero no admiten campañas gubernamentales que busquen instrumentalizar el concurso o influir en la votación. Sin embargo, la UER no ha expulsado a Israel ni ha impuesto una sanción de gran alcance; la principal respuesta ha sido reducir el número máximo de votos que se pueden emitir desde una misma línea.
Viena 2026
La tensión ha continuado este 2026, cuando la UER ha advertido a la delegación israelí después de que su representante, Noam Bettan, publicara un vídeo pidiendo explícitamente el voto del público. Según las informaciones recientes, la organización consideró que esta acción “no se ajusta a las reglas ni al espíritu del concurso” y pidió la retirada del contenido. La televisión pública israelí, Kan, defendió que se trataba de una iniciativa personal y sin financiación externa. Kan también ha negado conocer las campañas gubernamentales descritas por el New York Times. Según su versión, “no se violaron las reglas del concurso”.
En este contexto, el New York Times concluye que Eurovisión afronta “un futuro incierto” y si el televoto se percibe como un terreno vulnerable a campañas estatales, el concurso corre el riesgo de perder una parte esencial de su valor, la confianza del público.