El doble terremoto que este miércoles ha sacudido el norte de Venezuela no solo ha provocado una de las peores tragedias recientes del país, sino que también se sitúa entre los grandes seísmos registrados en las últimas décadas. Los dos movimientos, de magnitud 7,2 y 7,5, han dejado al menos 188 muertos y 1.520 heridos, según el último balance ofrecido por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que ha advertido que los terremotos han ido seguidos de una treintena de réplicas y han causado numerosos derrumbes, especialmente en el estado de La Guaira, donde se concentran los esfuerzos de rescate. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, el doble seísmo registrado en la región de Yumare es el más potente que ha afectado a Venezuela en más de un siglo y forma parte de los 395 terremotos de magnitud igual o superior a 7 documentados en todo el mundo en los últimos 26 años.
Para encontrar un precedente de una magnitud similar en Venezuela hay que remontarse a agosto de 2018, cuando un terremoto de magnitud 7,3 sacudió el estado de Sucre. A pesar de su intensidad, aquel seísmo no causó víctimas mortales porque se produjo a una gran profundidad. Antes de aquel episodio, los terremotos más mortíferos de la historia reciente del país latinoamericano habían sido el de Cariaco, en 1997, de magnitud 6,9 y con 73 muertos, y el que afectó a Caracas en 1967, de magnitud 6,4, que dejó 236 víctimas mortales. El doble seísmo registrado este miércoles por la noche destaca no solo por su fuerza, sino también porque dos movimientos de esta intensidad se produjeran con solo unos segundos de diferencia en un país con una actividad sísmica relativamente moderada. Desde el año 2000, Venezuela solo había registrado tres terremotos de magnitud superior a 7 y menos de una decena que superaran la magnitud 6.
Los terremotos más mortíferos desde el 2000
La magnitud de un terremoto, sin embargo, no siempre determina su impacto humano. Aunque la escala de Richter mide la energía liberada durante el seísmo, el número de víctimas depende también de factores como la densidad de población, la calidad de las construcciones o la profundidad del epicentro del fenómeno. En este sentido, el terremoto más mortífero del siglo XXI sigue siendo el que devastó Haití el 12 de enero de 2010. Con una magnitud de 7,0 y tres réplicas de 5,9, 5,5 y 5,1, el seísmo provocó hasta 316.000 muertos, según los datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), y destruyó cerca de 250.000 edificios, especialmente en la capital, Puerto Príncipe.

El segundo terremoto más mortífero de lo que llevamos de siglo tuvo lugar el 26 de diciembre de 2004 frente a la costa de Sumatra, en Indonesia. Con una magnitud de 9,1, el seísmo desencadenó un tsunami devastador que arrasó las costas del océano Índico y causó cerca de 228.000 muertos en catorce países, según los datos de la NOAA. Las olas gigantes devastaron especialmente Indonesia, Tailandia y Sri Lanka, pero también llegaron a otros países asiáticos y africanos.
El tercer terremoto más mortífero del siglo XXI es el que sacudió la provincia china de Sichuan el 12 de mayo de 2008. Con una magnitud de 7,9, el seísmo provocó 87.652 muertos y una devastación enorme en una extensa área del país. Le sigue el terremoto de Pakistán de octubre de 2005, de magnitud 7,6, que dejó 76.213 víctimas mortales, mientras que en quinta posición se sitúa el doble seísmo de Kahramanmaras, en el sur de Turquía, registrado el 6 de febrero de 2023. Aquel terremoto, de magnitud 7,8, causó 56.697 muertos y más de 100.000 heridos, convirtiéndose en una de las peores catástrofes naturales de la historia reciente de la región.

El terremoto más fuerte de la historia
El terremoto más potente registrado jamás en el mundo, sin embargo, sigue siendo el de Chile de 1960, conocido como el gran terremoto de Valdivia. El país sudamericano, situado en una de las zonas de mayor actividad sísmica del planeta, sufrió entre el 21 y el 22 de mayo de aquel año una secuencia de seísmos que culminó con un movimiento de magnitud 9,5. El epicentro se situó en el sur del país y el terremoto desencadenó un tsunami que afectó especialmente a la zona de Valdivia e inundó poblaciones como Concepción y Chiloé. A pesar de ser el seísmo más fuerte documentado hasta ahora, el balance mortal estimado fue de entre 1.655 y 2.000 personas, una cifra inferior a la de otros terremotos de menor magnitud pero con efectos mucho más devastadores sobre zonas densamente pobladas o con edificaciones más vulnerables.