Londres vive una de las imágenes más insólitas de los últimos años. Los grandes parques que han convertido el verde en una de las señas de identidad de la capital británica presentan este verano un aspecto prácticamente desértico, con extensiones de césped convertidas en tierra seca y superficies amarillentas. Hyde Park, Greenwich Park o Richmond Park son algunos de los espacios donde la transformación resulta más evidente después de un julio excepcionalmente seco. Inglaterra y Gales han registrado el julio con menos lluvia desde que comenzaron los registros en el año 1836, mientras que en el sur de Inglaterra las precipitaciones han quedado reducidas a solo un 1% de la media habitual a largo plazo. La falta de agua se ha combinado con temperaturas muy elevadas y unas horas de sol sin precedentes, acelerando la evaporación y dejando parques, jardines y campos completamente resecos.
La magnitud de la crisis ha obligado al gobierno británico a declarar oficialmente en sequía la mitad de Inglaterra y todo Gales. Millones de personas están afectadas por restricciones en el uso del agua y en diferentes zonas se han prohibido las mangueras para regar jardines, lavar coches, llenar piscinas o limpiar ventanas. Los efectos también son visibles en los ríos y en los lagos, con el Támesis registrando su caudal más bajo conocido. De momento, sin embargo, el suministro de agua potable no está amenazado gracias a las fuertes lluvias acumuladas durante la primera mitad del año, que permitieron mantener las reservas próximas a los niveles esperados para estas fechas. El problema es que las previsiones indican que las lluvias necesarias para revertir la situación todavía podrían tardar en llegar y la sequía podría empeorar antes de comenzar a remitir.
WATCH: The iconic green lawns of Hyde Park in London have turned brown, leaving parts of the historic park resembling a parched desert landscape pic.twitter.com/XABLXCwEf0
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London’s Hyde Park has transformed into the Dubai desert. pic.twitter.com/XTatmrXWvX
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El campo británico, al límite
La sequía también está golpeando con fuerza el campo británico, donde muchos agricultores afrontan cosechas muy por debajo de lo que sería habitual. La falta de lluvia y el calor persistente han frenado el crecimiento de productos como las patatas, hasta el punto de que una parte de la producción no tendrá ni el tamaño necesario para llegar al mercado en las condiciones habituales. Uno de los agricultores afectados lo resume así en declaraciones al ABC: "Nuestros principales cultivos están en una situación desesperada; están todos marchitos". Según explica, después de décadas trabajando en el campo no recuerda haber visto nunca los cultivos tan dañados a estas alturas del verano.
La ganadería tampoco se escapa. Las altas temperaturas están haciendo que los animales coman menos, hecho que ya se está traduciendo en una caída de la producción de leche y en problemas que podrían alargarse más allá del verano. Algunos ganaderos han tenido que buscar fórmulas para refrescar el ganado, pero advierten que el estrés provocado por el calor también está afectando a la fertilidad. "Esto no tiene precedentes en el Reino Unido. Tengo casi 50 años y nunca había visto nada parecido", asegura uno de los ganaderos consultados por el ABC.
Del cambio climático al extremo meteorológico: del verde al colapso del paisaje británico
El episodio llega después de un invierno excepcionalmente húmedo y ejemplifica los fuertes contrastes meteorológicos que está experimentando el Reino Unido. La científica climática de la Universidad de Oxford Chloe Brimicombe señala, también en declaraciones recogidas por el ABC, que "las condiciones que estamos viendo ahora mismo en el Reino Unido son consecuencia del cambio climático". Brimicombe habla de un creciente "efecto látigo climático", con cambios bruscos entre periodos muy lluviosos y episodios de calor y sequía. Durante el invierno, recuerda, el país acumuló 41 días consecutivos de lluvia, mientras que ahora buena parte del territorio presenta un aspecto marrón y completamente reseco. La científica alerta, además, que la cadena de episodios extremos podría continuar: después de la sequía y los incendios, las lluvias intensas del otoño podrían aumentar el riesgo de inundaciones repentinas.
El cambio de aspecto de Londres resume visualmente una crisis que ya va mucho más allá de sus parques. La capital dispone de unos 3.000 parques y espacios verdes públicos, aproximadamente un 40% de su superficie, pero buena parte de estos espacios han perdido este verano su color habitual. Mientras tanto, agricultores y ganaderos afrontan pérdidas de producción, los ríos bajan bajo mínimos y las restricciones de agua se extienden por el país. El Reino Unido ya ha sufrido tres sequías en los últimos cinco años y las perspectivas climáticas apuntan que estos episodios podrían ser cada vez más frecuentes e intensos, convirtiendo paisajes tradicionalmente verdes en escenarios cada vez más difíciles de reconocer.
