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Donald Trump puede decidir que no concede una entrevista a CNN. Puede negarse a responder a una pregunta de Politico. Puede reunirse solo con periodistas de Fox News o cerrar completamente el Despacho Oval a la prensa. Lo que jurídicamente resulta mucho más problemático es otra cosa: abrir un acto a los medios y dejar fuera a uno concreto porque al presidente no le gusta lo que publica. Esta es la frontera constitucional que vuelve a ponerse a prueba después de que Trump anunciara el viernes que prohíbe el acceso a la Casa Blanca a CNN, MS NOW y Politico por su cobertura, que califica de "fake news", y advirtiera que otros medios podrían ser los siguientes. El anuncio, de momento, deja muchas incógnitas sobre cómo se aplicará exactamente: Trump no ha detallado si retirará las acreditaciones de sus periodistas, si les impedirá entrar en el recinto presidencial o si los excluirá solo de los actos de plazas limitadas y del grupo que sigue más de cerca al presidente.  

La diferencia no es menor. No es constitucionalmente lo mismo impedir a CNN participar en una rueda de prensa abierta a los corresponsales acreditados que no invitarla a una entrevista privada con Trump. Y tampoco es exactamente lo mismo una rueda de prensa en la Casa Blanca que un encuentro en el Despacho Oval o un viaje a bordo del Air Force One. Es una distinción importante: la Constitución no obliga a la Casa Blanca a abrir las puertas a la prensa, pero, cuando las abre, la manera como decide quién entra queda sometida a límites constitucionales.

¿Qué dice realmente la Primera Enmienda?

La Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, ratificada en 1791, establece que el Congreso no puede aprobar leyes que restrinjan "la libertad de expresión o de prensa". Con el desarrollo posterior de la jurisprudencia, esta protección no limita solo al Congreso: afecta también la actuación del Govern federal y de sus responsables. Pero esta protección no significa que un periodista tenga un derecho constitucional a entrar donde quiera.

Y quién decide quién es prensa es, al final, el problema de fondo. La Primera Enmienda no fue concebida para garantizar a cada periodista una acreditación de la Casa Blanca. Ni obliga al presidente a hablar con CNN, Politico o cualquier otro medio. Su lógica es otra: impedir que el poder público pueda decidir qué opiniones merecen circular y cuáles deben ser castigadas. Por eso la respuesta a la pregunta que encabeza este artículo es necesariamente matizada. Sí, Trump tiene un amplio poder para decidir cuántos periodistas entran en los espacios restringidos de la Casa Blanca y en qué condiciones. La Casa Blanca es un edificio gubernamental con espacios restringidos. El presidente puede decidir que una reunión sea privada, limitar el número de periodistas que entran en el Despacho Oval por cuestiones de espacio o establecer condiciones de seguridad para subir al Air Force One. Hasta aquí, el margen presidencial es muy amplio. El problema aparece cuando el criterio deja de ser el espacio, la seguridad o la organización y pasa a ser qué publica ese medio. Porque este poder presidencial tiene límites cuando pretende utilizar el acceso como recompensa para los medios favorables y como castigo para los críticos. Dicho de otra manera, la Primera Enmienda no garantiza a CNN una silla en el Despacho Oval. Lo que intenta impedir es que la silla dependa de si al presidente le gusta lo que CNN cuenta.

Una rueda de prensa no es una entrevista

El ejemplo ayuda a entenderlo. Si Trump concede una entrevista exclusiva a Fox News, CNN no puede exigir constitucionalmente que también lo entreviste. El presidente conserva la libertad de decidir con quién habla. Tampoco está obligado a invitar a todos los medios a una reunión privada. Pero el caso cambia cuando se trata de una rueda de prensa de la Casa Blanca abierta habitualmente a los medios acreditados. Si la administración permite la entrada de ABC, NBC, CBS o Fox News, pero prohíbe el acceso exclusivamente a CNN porque considera que su información es demasiado crítica, el problema jurídico es muy diferente. Aquí entra en juego un principio fundamental del derecho constitucional estadounidense: la "viewpoint discrimination", la discriminación por punto de vista: el Govern no puede utilizar su poder para premiar una opinión y castigar otra. Las restricciones gubernamentales motivadas por el contenido o el punto de vista de un discurso están entre las que despiertan más recelos bajo la Primera Enmienda.

¿Puede prohibirles entrar en el Despacho Oval o en el Air Force One?

Aquí Trump tiene más margen. Ni el Despacho Oval ni el Air Force One son espacios abiertos a toda la prensa: por razones de espacio, seguridad y organización, solo accede un número reducido de periodistas, a menudo integrados en el press pool. Esto permite a la Casa Blanca seleccionar quién entra, pero no actuar de manera arbitraria. El precedente más reciente es el conflicto con Associated Press, excluida en 2025 de algunos actos en el Despacho Oval y del Air Force One después de negarse a adoptar de manera general la denominación "golfo de América". Un juez federal dio inicialmente la razón a la agencia y estableció que la Casa Blanca puede incluso cerrar completamente estos espacios a la prensa, pero, si deja entrar a periodistas, no puede relegar un medio comparable por su línea editorial. La causa continúa abierta y todavía no hay una doctrina definitiva sobre todos los límites del poder presidencial.

El precedente de Jim Acosta

Trump ya topó con este problema durante su primer mandato. En noviembre de 2018, la Casa Blanca retiró la acreditación al corresponsal de CNN Jim Acosta después de una tensa discusión con el presidente durante una rueda de prensa. CNN recurrió a los tribunales y un juez federal ordenó que se le devolviera temporalmente el pase. La disputa se centró especialmente en las garantías que la administración debía respetar antes de retirar una acreditación.

Detrás había un precedente todavía más antiguo: Sherrill v. Knight, de 1977. En aquel caso, un tribunal federal estableció que, una vez la Casa Blanca crea un sistema estable de acreditaciones para los periodistas, no puede denegarlas arbitrariamente y debe proporcionar una justificación y unas garantías mínimas al periodista afectado. 

¿Qué hace diferente el veto actual?

Aquí Trump podría haberse creado un problema con sus propias palabras. No ha justificado el veto a CNN, MS NOW y Politico por razones de seguridad, de espacio o por el incumplimiento de una norma concreta. Ha dicho explícitamente que les prohíbe el acceso a consecuencia de su cobertura. "Como resultado de su constante información de NOTICIAS FALSAS", escribió Trump al anunciar la decisión. También advirtió que más medios podrían seguirlos. Es precisamente esta justificación la que podría adquirir importancia en una eventual demanda. Porque permitiría a los medios argumentar que no están ante una norma general aplicable a todo el mundo, sino ante una represalia gubernamental motivada por el contenido de su información. CNN ya ha sostenido que, si se ejecuta el veto anunciado, constituiría una vulneración de sus derechos constitucionales. Politico también ha anunciado que defenderá sus derechos bajo la Primera Enmienda.

 

La Casa Blanca controla más los 'pools'

Hay otro elemento que hace especialmente relevante esta batalla. Durante décadas, la White House Correspondents' Association tuvo un papel esencial en la organización del "press pool", el pequeño grupo de periodistas encargados de seguir al presidente cuando no había espacio para toda la prensa. Durante el segundo mandato de Trump, la Casa Blanca ha asumido mucho más control sobre esta selección. Esto da a la administración una capacidad mayor para decidir qué periodistas entran en algunos de los espacios más restringidos y, por lo tanto, quién puede ver directamente al presidente, escuchar determinadas conversaciones y formularle preguntas. El sistema de "pool" es especialmente importante porque sus miembros proporcionan después información y material al resto de la prensa. Por eso, el posible veto a CNN tiene una trascendencia especial: podría afectar a su participación en el tradicional grupo de cadenas televisivas que siguen permanentemente al presidente.

¿Qué puede hacer Trump y qué es más problemático?

La frontera se puede resumir de una manera relativamente sencilla. Trump puede decidir a quién concede una entrevista; negarse a responder a una pregunta; hacer una reunión privada sin periodistas; limitar el acceso al Despacho Oval o al Air Force One porque no cabe todo el mundo; y establecer criterios razonables de seguridad y organización. Lo que constitucionalmente es mucho más difícil es permitir el acceso general a unos medios y excluir a otros explícitamente porque no le gusta lo que publican. Esta diferencia es esencial. No existe un derecho constitucional de los periodistas a estar permanentemente cerca del presidente. Lo que sí existe es una protección ante el uso del poder gubernamental como instrumento de represalia contra determinados puntos de vista.

¿Por qué ahora, antes de las elecciones?

La nueva ofensiva contra los medios llega, además, en un momento especialmente sensible: faltan solo seis semanas para las elecciones de medio mandato de noviembre. No hay pruebas que permitan afirmar que Trump haya adoptado el veto como parte de un plan electoral formal. La justificación que él mismo da es que considera que estos medios mienten sobre su administración. Pero el calendario da inevitablemente una dimensión política al enfrentamiento. La guerra contra los medios ha sido durante años una parte central del discurso de Trump y, según algunos analistas, calificar una información de "fake news" le permite discutir no solo su contenido, sino también la legitimidad de quien la publica.

A las puertas de una cita electoral, esta estrategia tiene un efecto evidente sobre el debate público: una noticia negativa puede dejar de discutirse por los hechos que explica y convertirse en un nuevo episodio de la batalla entre Trump y una prensa que presenta como hostil. El nuevo elemento es que esta batalla ya no se desarrolla solo con palabras. Trump ha pasado de los insultos contra los periodistas a discutir también quién puede entrar, quién puede preguntar y quién puede seguir físicamente al presidente.