El Parti Québécois (PQ), la principal fuerza independentista de Quebec —provincia francófona de Canadá con una larga tradición soberanista—, ha ganado las elecciones provinciales celebradas este lunes y volverá al poder por primera vez desde 2014. La formación de Paul St-Pierre Plamondon, sin embargo, deberá gobernar en minoría después de obtener 59 de los 127 escaños de la Asamblea Nacional, cinco por debajo de la mayoría absoluta.
La victoria recupera la cuestión de la independencia de Quebec en el centro de la política canadiense, pero no representa un aval mayoritario a la secesión. El PQ ha obtenido el 27,9% de los votos, en unas elecciones marcadas por el desgaste de la Coalition Avenir Québec (CAQ), que gobernaba desde 2018 y ha quedado fuera de la Asamblea. Los analistas consideran que una parte importante del electorado ha votado sobre todo por un cambio de gobierno.
La promesa de un referéndum
Plamondon ha prometido celebrar un tercer referéndum sobre la independencia durante su mandato, pero ha matizado que no lo convocará mientras Donald Trump continúe en la Casa Blanca. El líder independentista considera que la actual coyuntura, marcada por la guerra comercial con Estados Unidos y la incertidumbre económica, no es adecuada para someter el futuro de Quebec a una consulta de esta magnitud
El proyecto soberanista, en todo caso, parte de un apoyo social lejos de los niveles que permitieron llegar a dos referéndums en el pasado. Quebec ya rechazó la independencia en 1980 y, en 1995, volvió a votar en contra por un margen muy estrecho. Actualmente, el apoyo a la separación de Canadá se sitúa alrededor del 30%, según los datos citados por los analistas.
La relación con Mark Carney
Además, el regreso del PQ también abre un nuevo frente para el primer ministro canadiense, Mark Carney, que deberá mantener una relación institucional con un gobierno que defiende precisamente la ruptura del país. Carney ha felicitado a Plamondon y ha asegurado que Ottawa trabajará con el nuevo ejecutivo quebequense, especialmente para afrontar los efectos de los aranceles norteamericanos, crear empleo y construir vivienda.
La convivencia, sin embargo, puede ser complicada. El PQ quiere limitar la inmigración temporal, reforzar aún más la primacía del francés, romper los vínculos institucionales de Quebec con la monarquía británica y oponerse a un proyecto ferroviario de alta velocidad entre Quebec y Ontario. Algunas de estas medidas pueden generar nuevos choques con el gobierno federal.
Negociar con el resto de partidos
Además, el gobierno de Plamondon deberá negociar con el resto de fuerzas para aprobar presupuestos y superar las votaciones de confianza. Los liberales y los conservadores se oponen a la convocatoria de un referéndum, mientras que Québec solidaire, también independentista, puede tener un papel decisivo en la Asamblea.
El resultado llega, además, en un momento especialmente sensible para la unidad canadiense. El 19 de octubre, los habitantes de Alberta votarán en una consulta no vinculante sobre si quieren celebrar un referéndum de independencia. El triunfo del PQ, dos semanas antes, vuelve a situar las tensiones territoriales en el centro del debate sobre el futuro de Canadá.
