El conflicto en Yemen, que dura más de doce años, se ha reactivado esta semana con un nuevo embate de la milicia chií de los hutíes hacia la costa oeste del país, con el objetivo de controlar el vital estrecho de Bab el-Mandeb, una ruta clave para el comercio global que ha ganado importancia con el cierre del estrecho de Ormuz desde febrero por parte de Irán. Arabia Saudita, el principal valedor del gobierno yemení reconocido internacionalmente, ha respondido a este avance con ataques aéreos en varias regiones, que han dejado muertos. Por su parte, los hutíes también han bombardeado localidades en el sur y el oeste de Arabia, con decenas de heridos. Las defensas sauditas, sin embargo, no han podido impedir el rápido avance de los hutíes, que el pasado jueves capturaron la ciudad de Mokha, situada en la costa del estrecho. La captura de la costa del mar Rojo se ha completado con la captura de la estratégica isla de Perim, situada justo en el punto que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el mar de Arabia.
Controlar el estrecho de Bab el-Mandeb
Los rebeldes hutíes continúan avanzando rápidamente en esta zona y completan su dominio de las posiciones cercanas al estrecho de Bab el-Mandeb, lo que amenaza con el traslado del conflicto a otro punto sensible del comercio internacional y del tráfico marítimo. En los últimos días, los hutíes han ido encadenando conquistas y, si la contraofensiva anunciada por el gobierno yemení no lo evita, están en disposición de controlar el paso marítimo del estrecho por donde circula el 10% del comercio marítimo global. Aunque el volumen de barcos que circulan se ha reducido desde que comenzara la guerra en Gaza, con la que los hutíes se solidarizaron atacando barcos en Bab el-Mandeb, hoy por hoy es una ruta clave, sobre todo para el petróleo saudita, a raíz del cierre del estrecho de Ormuz por la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán que comenzó a finales de febrero.
El control de los principales puertos y las islas que dan entrada al estrecho puede permitir a los hutíes controlar el paso de embarcaciones por esta ruta comercial clave entre Europa y Asia y que se ha convertido en una alternativa al estrecho de Ormuz para muchos barcos para evitar tener que dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica. Los insurgentes aseguran que la navegación es "segura" para todas las navieras —con la excepción de las naves sauditas—, pero los expertos aseguran que "los hutíes no necesitan cerrar completamente Bab el-Mandeb" para provocar un impacto internacional.
En un informe, el investigador del Centro Sana de Estudios Estratégicos, Majed al Madhaji, apunta que "basta con que se conviertan en la parte cuya autorización debe solicitarse, o cuya amenaza deba tenerse en cuenta, cada vez que una nave atraviese la zona". El mismo investigador señala que los rebeldes están "creando un nuevo modelo por el que deciden" quién pasa y quién no. Los ataques contra barcos en el mar Rojo derivados del conflicto de Israel en los territorios palestinos llevaron a numerosas compañías a evitar la ruta y a optar por rodear África, y un nuevo deterioro de la seguridad podría reproducir esta dinámica, encareciendo seguros y combustible y alargando las cadenas de suministro.
La posición de Arabia Saudí
Un eventual control hutí de la navegación por este estrecho, apuntan los analistas, podría reforzar la posición de Irán en su conflicto con Estados Unidos, dada la alianza entre Teherán y los hutíes. De hecho, algunos consideran que hace tiempo que los dos aliados se preparan para esta posibilidad con el fortalecimiento de las capacidades del grupo militante y el despliegue de nuevo armamento. El país más perjudicado por este avance es Arabia Saudí, principal valedor del gobierno yemení y uno de los principales exportadores de petróleo al mercado global. El país se encuentra especialmente expuesto a cualquier cambio en las rutas por este estrecho, ya que, después del cierre de Ormuz, ha aumentado su dependencia para exportar a través del mar Rojo.
Este viernes, de hecho, ha tenido que cerrar "preventivamente" su oleoducto Este-Oeste que comunica los pozos petrolíferos con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, a causa de ataques que atribuye a milicias proiraníes de Irak. Esta ruta interna clave para el crudo saudí también ha sido el objetivo de ataques de los hutíes en los últimos meses. La cuestión decisiva será si Arabia Saudí opta por aumentar su implicación para frenar el avance o mantiene la cautela para evitar una nueva escalada. De esta decisión dependerá en buena parte si el avance hutí se convierte en una nueva fase de la guerra del Yemen o en el comienzo de una crisis con repercusiones regionales mucho mayores.
Decenas de miles de desplazados
Ante esta nueva ofensiva, las Naciones Unidas advierten que unas 46.000 personas se han visto obligadas a abandonar su casa y que la cifra de desplazados aumenta "hora tras hora". Los desplazamientos se concentran en las regiones de la costa occidental y las llegadas al sur y el este de la zona del conflicto, en áreas controladas bien por los hutíes, bien por el gobierno reconocido internacionalmente. "Pueblos enteros han quedado vacíos en Maqbanah, Jabal Habashi y Al Ma'afer a medida que los enfrentamientos se aproximan a las zonas pobladas", ha alertado la Organización Internacional para las Migraciones, en un momento en que las milicias rebeldes hutíes continúan avanzando hacia posiciones estratégicas en el mar Rojo, en una ruta clave para el comercio marítimo.
"A medida que los combates se extienden, cada vez es más difícil llegar hasta las personas que necesitan asistencia vital", ha advertido la directora general de la OIM, Amy Pope, que ha pedido acceso seguro y sin obstáculos a estas poblaciones. Todas las partes en conflicto "deben proteger a la población civil y al personal humanitario, y deben garantizar la seguridad de los suministros, los vehículos y las instalaciones de que dependemos para prestar ayuda", ha añadido.