Los tradicionales paseos en carruajes de caballos por Central Park tienen los días contados. El Consejo Municipal de Nueva York aprobó este jueves, 22 de octubre, una normativa que pondrá fin a esta actividad a partir del 1 de junio de 2028, después de la muerte de un turista de 18 años en un accidente en el parque. La medida, conocida como Ley Romanch, ha salido adelante con 40 votos a favor, 7 en contra y 2 abstenciones. El texto todavía tiene que recibir la firma del alcalde, Zohran Mamdani, que ya ha manifestado su apoyo a la prohibición.
La decisión llega cuatro meses después del accidente que costó la vida a Romanch Mahajan, un joven de la India que visitaba Nueva York con su familia. El 17 de junio, Mahajan viajaba en un carruaje con tres personas más cuando el conductor, según explicó un representante del sindicato del sector, bajó para hacerles una fotografía. En aquel momento, el caballo arrancó a correr y el vehículo se descontroló. El joven salió proyectado y murió a consecuencia de las heridas. El suceso intensificó las peticiones para poner fin a una actividad cuestionada desde hacía años por motivos de seguridad y bienestar animal.
Un plan para los trabajadores y una retirada progresiva de los caballos
La prohibición no será inmediata. La normativa establece que las licencias actuales caducarán definitivamente el 31 de mayo de 2028 y que, a partir del día siguiente, ya no se podrán conceder nuevos permisos para operar carruajes de caballos. Paralelamente, la administración municipal tendrá que presentar, antes del 1 de abril de 2027, un plan de transición laboral para los conductores, propietarios y trabajadores de las cuadras. Este programa tendrá que incluir orientación profesional, formación y oportunidades para acceder a otros trabajos. También se valorarán posibles compensaciones económicas por los negocios, las licencias y los equipamientos, aunque la ley no garantiza estas indemnizaciones.
El texto también prevé medidas para proteger a los animales una vez abandonen la actividad. Los caballos deberán ser reubicados de manera humanitaria y no podrán ser vendidos para el sacrificio ni transferidos a otros negocios de carruajes. La decisión, sin embargo, ha provocado una fuerte oposición entre los profesionales del sector. El sindicato Transport Workers Union considera insuficientes las garantías laborales y económicas y ha anunciado que emprenderá acciones judiciales contra la normativa. "Nos veremos en los tribunales", ha advertido Alexander Kemp, vicepresidente administrativo del sindicato, que considera que la medida perjudicará gravemente a los trabajadores y a los propietarios de los carruajes.
El final de una tradición de más de 160 años
Los carruajes de caballos forman parte del paisaje de Central Park desde 1858. Inicialmente utilizados como medio de transporte, con el paso del tiempo se convirtieron en una de las atracciones turísticas de la ciudad. Sin embargo, su continuidad ha sido objeto de debate durante décadas, especialmente por las preocupaciones sobre las condiciones de los animales y la convivencia con los millones de visitantes del parque. Desde 2007 se habían impulsado diferentes iniciativas municipales para prohibir esta actividad, pero ninguna había prosperado. La muerte de un caballo que se desplomó en el parque el 9 de junio de este año, pocos días antes del accidente mortal de Mahajan, también había reactivado las demandas de prohibición.
La presidenta del Consejo Municipal, Julie Menin, ha defendido la aprobación de la ley como una respuesta a las preocupaciones sobre el bienestar animal, la seguridad pública y la protección de los trabajadores. Por el contrario, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha criticado la decisión a través de Truth Social y ha lamentado la desaparición de una tradición histórica de Nueva York. Trump ha cuestionado que se prohíban los carruajes por un accidente cuando no se aplica la misma medida a los automóviles. A pesar de estas críticas y la amenaza de acciones judiciales del sindicato, el alcalde Zohran Mamdani ha reafirmado la voluntad de firmar la normativa y de trabajar para proteger a los trabajadores y a los propietarios afectados.