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El Likud de Benjamin Netanyahu sería el partido más votado en las elecciones celebradas este martes en Israel, pero el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot conseguiría más diputados y podría disputarle la continuidad en el poder. Los tres sondeos a pie de urna publicados después del cierre de los colegios electorales coinciden en dibujar un resultado muy ajustado, sin una mayoría clara para ninguno de los dos bloques. Según Channel 12, la oposición obtendría 52 escaños, frente a los 50 de los aliados de Netanyahu. Channel 13 y la televisión pública Kan 11 elevan la previsión opositora hasta los 53 diputados, mientras que el bloque del primer ministro se mantendría en 50. Ambos quedarían por debajo de los 61 representantes necesarios para asegurarse la mayoría absoluta en la Knesset, el parlamento israelí.

Netanyahu conseguiría situar el Likud como primera fuerza, con entre 24 y 25 diputados, a pesar de que las últimas encuestas antes de la votación situaban a su principal rival por delante. Yashar, el partido centrista del exjefe del ejército Gadi Eisenkot, quedaría en segunda posición, con entre 21 y 23 escaños. El tercer lugar sería para B'Yachad, la candidatura encabezada por el ex primer ministro Naftali Bennett, con entre 12 y 14 diputados. A pesar de recuperar la primera posición, el Likud sufriría un retroceso respecto a los 32 escaños que obtuvo en las elecciones de 2022, cuando Netanyahu consiguió formar una coalición de gobierno con una mayoría de 64 diputados.

Los partidos árabes podrían tener la clave para desalojar a Netanyahu

Una de las principales incógnitas es el papel que tendrán las formaciones árabes, que podrían alcanzar una representación récord en el Parlamento israelí. Channel 12 les atribuye 18 escaños, repartidos entre los 11 de la Lista Conjunta y los 7 de Ra'am, mientras que Channel 13 y Kan 11 los sitúan en 17 diputados. Estas candidaturas, también contrarias a Netanyahu, no forman parte del bloque opositor encabezado por Eisenkot. Si todas las fuerzas contrarias al primer ministro llegaran a un acuerdo, sumarían 70 escaños, una mayoría suficiente para facilitar un cambio de gobierno. Sin embargo, esta posibilidad presenta obstáculos importantes, ya que varios dirigentes de la oposición han rechazado formar una coalición con los partidos árabes, a pesar de que estos podrían ofrecer apoyo parlamentario desde fuera del gobierno.

El bloque que aspira a sustituir a Netanyahu está formado por Yashar, B'Yachad, los Demócratas de Yair Golan y Yisrael Beytenu de Avigdor Lieberman. Los Demócratas obtendrían entre 9 y 10 diputados, mientras que Yisrael Beytenu conseguiría entre 7 y 9. Por su parte, Netanyahu continuaría contando con el apoyo de las formaciones ultraortodoxas Shas y Judaísmo Unido de la Torá, así como de los partidos de extrema derecha Otzma Yehudit, de Itamar Ben-Gvir, y Sionismo Religioso, de Bezalel Smotrich. Los sondeos también sitúan fuera del Parlament varias candidaturas pequeñas, entre las que se encuentra el partido de los Reservistas y la formación Pueblo de Israel, que no llegarían al 3,25% de los votos necesario para obtener representación.

Participación histórica y un futuro político todavía incierto

Las elecciones han estado marcadas por una participación excepcionalmente elevada. Según la Comisión Electoral Central, a las ocho de la tarde ya había votado el 74,3% del censo, frente al 66,3% registrado a la misma hora en los comicios de 2022. La cifra, que representa más de 5,4 millones de votantes, ya superaba la participación final de aquellas elecciones, situada en el 70,6%, y era la más alta registrada a esa hora desde 1988. La movilización se ha producido en la primera cita electoral israelí desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores en Gaza, Líbano e Irán.

Con las urnas cerradas, la Comisión Electoral Central ha comenzado el recuento de los votos, que determinará si se confirman las proyecciones televisivas. Los resultados oficiales se publicarán el 4 de noviembre y, posteriormente, el presidente de Israel, Isaac Herzog, deberá consultar a las fuerzas con representación parlamentaria para decidir a quién encarga la formación del próximo gobierno. Netanyahu podría reivindicar la primera posición del Likud, mientras que Eisenkot podría hacer valer la ventaja del conjunto de la oposición. Ninguno de los dos, sin embargo, tendría garantizados los apoyos necesarios. Si las negociaciones fracasan y no se consigue formar un ejecutivo, Israel podría verse abocado a unas nuevas elecciones, como ya ocurrió entre 2019 y 2022, cuando el país celebró cinco convocatorias electorales.