Los marroquíes votan este miércoles 23 de septiembre para renovar los 395 escaños de la Cámara de Representantes en unas elecciones marcadas por el desencanto político, la abstención y el malestar juvenil. Pero el resultado no determinará por sí solo las grandes líneas de poder del país. Marruecos es una monarquía constitucional en la que el rey Mohamed VI conserva amplios poderes ejecutivos y un papel central en cuestiones como la política exterior, la defensa y la religión. En este contexto, la relación con España ha vuelto a ganar peso a raíz de la crisis migratoria de Ceuta de finales de julio y de la reivindicación marroquí sobre las dos ciudades autónomas.
La cuestión no es nueva ni divide claramente el mapa político de Marruecos. Los principales partidos coinciden en considerar Ceuta y Melilla parte del territorio marroquí. Las diferencias aparecen en el grado de insistencia y en la manera de abordar una reivindicación especialmente sensible para Rabat y que afecta directamente a las relaciones con Madrid. El digital marroquí Médias24 ya advertía a principios de septiembre que "Ceuta y Melilla se invitan a la campaña electoral", después de que varios dirigentes políticos marroquíes recuperaran la cuestión territorial.
¿Qué dicen los partidos marroquíes sobre Ceuta y Melilla?
El Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), islamista y ahora en la oposición después de haber gobernado durante una década, es la formación que lo plantea de manera más explícita. Su líder, Abdelilah Benkirane, ha hablado de la "recuperación" de las dos ciudades y el programa del partido incluye una referencia específica a su "liberación".
También hay voces contundentes dentro de las fuerzas que forman el actual gobierno. El Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), de perfil liberal e integrado en la coalición gubernamental, ha defendido a través de su ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, los derechos "histórico" y "geográfico" de Marruecos sobre Ceuta y Melilla. El ministro ha llegado a reclamar la apertura de un mecanismo de diálogo con Madrid sobre el futuro de las dos ciudades.
El Istiqlal, partido nacionalista y una de las formaciones históricas del país, mantiene una posición similar. Su líder, Nizar Baraka, reivindica la integridad territorial marroquí a la vez que defiende a España como un socio estratégico. El diario L'Opinion, vinculado históricamente al Istiqlal, también ha seguido de cerca la cuestión fronteriza y ha recogido las advertencias de la embajada española ante posibles nuevos intentos de cruzar la frontera el día de las elecciones.
El contraste lo marca la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), la formación liberal del jefe de gobierno, Aziz Akhannouch. El partido ha evitado situar Ceuta y Melilla en el centro de su discurso y ha concentrado buena parte de sus propuestas en el empleo, los servicios públicos y el poder adquisitivo. Pero el margen del futuro gobierno para redefinir la política exterior es limitado: Mohamed VI conserva amplios poderes ejecutivos e institucionales y tiene un papel determinante en las grandes cuestiones de estado, entre ellas la política exterior y la defensa.
¿Qué preocupa realmente a la sociedad marroquí?
Mientras los partidos invierten esfuerzos en el debate territorial y la geopolítica, las inquietudes reales de la calle son otras. El malestar juvenil y la elevada abstención que marcan estos comicios responden a problemas estructurales profundos: el alto paro juvenil, la inflación galopante que asfixia el poder adquisitivo y las carencias crónicas en los servicios públicos básicos, como la sanidad y la educación.
Esta situación genera una profunda brecha generacional; muchos jóvenes sienten que los canales de participación institucional tradicionales están agotados y no representan sus aspiraciones de futuro. Para gran parte de la población, especialmente las nuevas generaciones, la clase política tradicional se muestra incapaz de dar respuestas tangibles a estas urgencias del día a día, alimentando un clima de resignación y la emigración sigue siendo, para muchos, la única salida viable.
¿Cómo funciona la política exterior de Marruecos?
Esta distancia entre el discurso de los partidos y la posición oficial de Rabat ha sido analizada por Le Desk. El medio señala que las declaraciones de Ouahbi y de otros responsables sobre Ceuta y Melilla no implican necesariamente un cambio de la política exterior del Reino. Según el digital, el Ministerio de Asuntos Exteriores —junto con el rey— es el órgano que puede comprometer oficialmente a Marruecos en política internacional, y Rabat no ha anunciado ningún cambio formal respecto a la cuestión.
La crisis migratoria de finales de julio ha hecho más visible esta disputa. Los días 30 y 31 de julio, miles de personas se concentraron ante la frontera de Ceuta y se produjeron entradas masivas en la ciudad. Desde entonces, el conflicto migratorio y la disputa territorial han quedado estrechamente vinculados en la relación entre Rabat y Madrid.
¿Injerencia española en las elecciones de Marruecos?
Este mismo lunes, España ha advertido de la posibilidad de un nuevo intento de entrada masiva durante la jornada electoral, mientras las autoridades marroquíes han reforzado el dispositivo de seguridad en la frontera. Le Desk ha informado de que la embajada española ha difundido mensajes para recordar que entrar irregularmente en Ceuta o Melilla no da derecho a quedarse en España ni a circular por la Unión Europea. El mismo medio recoge que circulan convocatorias en las redes para intentar un nuevo paso masivo el 23 de septiembre.
Médias24 ha ido un paso más allá y se ha preguntado si la alerta española puede ser percibida en Rabat como una forma de "injerencia" en unas elecciones especialmente sensibles. El medio plantea, sin embargo, dos posibilidades: que el aviso responda a un riesgo real detectado por las autoridades españolas o que su difusión tenga también una lectura política.
Para España, la relación con Rabat va mucho más allá de la cuestión territorial. Marruecos es un socio esencial en inmigración, seguridad y comercio, y los dos países preparan con Portugal el Mundial de fútbol de 2030. Madrid es también un socio económico de primer orden para Marruecos.
Las elecciones llegan en un momento en que Ceuta y Melilla han vuelto al discurso político marroquí. Los principales partidos coinciden en la reivindicación territorial, aunque no compartan el mismo tono, mientras el Palacio mantiene la capacidad de marcar las grandes líneas de la política exterior. Para Rabat, el reto será mantener esta cuestión dentro del discurso nacional sin poner en riesgo una relación con España demasiado importante para los dos países.
