El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, llegó el martes a Budapest con un mensaje claro y combativo: acusar a la Unión Europea de intentar interferir en las próximas elecciones parlamentarias húngaras, mientras mostraba un firme apoyo al primer ministro saliente, Viktor Orbán, que busca renovar su mandato después de 16 años en el poder.
En declaraciones a la prensa, Vance aseguró que los burócratas europeos habían intentado “destruir la economía de Hungría” y hacer que el país dependiera más energéticamente del exterior, todo porque “odian a este hombre”. Sin ocultar el motivo real de su visita, añadió: “Por supuesto, quiero ayudar, tanto como pueda, al primer ministro en esta temporada electoral”.
Durante un mitin con Orbán, Vance conectó por teléfono con Donald Trump, quien ofreció una llamada de aval directo al líder húngaro. “Amo Hungría y amo a Viktor. Ha hecho un trabajo fantástico”, dijo Trump ante el afectuoso público. El acto, bautizado como “Día de la Amistad”, sirvió para reforzar la imagen de unidad entre Orbán y el ala dura del partido republicano estadounidense.
Tensión con Bruselas y la UE
El vicepresidente insistió en que los ciudadanos húngaros no debían hacer caso a Bruselas. “Escuchad vuestros corazones, vuestras almas y la soberanía del pueblo húngaro”, afirmó, añadiendo que la hostilidad europea contra Orbán era una prueba de que él defendía los intereses del país. Las tensiones con la UE han llegado a nuevos máximos, especialmente por la negativa de Hungría a contribuir a la financiación de la guerra en Ucrania, así como por conflictos sobre migración y derechos LGBTQ+.
Vance también elogió a Orbán por su papel en la seguridad energética, en un contexto en que Hungría depende en gran medida del gas y petróleo rusos, llegando al 93% de sus importaciones de crudo desde Rusia, según datos recientes. Esta postura ha sido criticada por Bruselas, que considera arriesgado confiar en un proveedor “muy poco fiable” mientras se mantiene la guerra en Ucrania.
Controversia y la carrera electoral
Los principales rivales de Orbán, liderados por Péter Magyar, han rechazado cualquier interferencia extranjera. “Ningún país extranjero puede intervenir en las elecciones húngaras. La historia de Hungría no se escribe en Washington, Moscú o Bruselas”, declaró Magyar en las redes sociales.
La publicidad internacional de la visita de Vance, con críticas abiertas a la UE y elogios a Orbán, ha catapultado esta elección a la escena mundial como un test sobre la fuerza de los movimientos de extrema derecha en Europa. A pesar de las encuestas que sitúan a la oposición a la cabeza, Vance se muestra confiado en que Orbán renovará su mandato y en que la relación con los Estados Unidos continuará siendo “positiva y constructiva”.
La llegada del vicepresidente estadounidense ha reforzado el perfil internacional de Orbán y ha generado un debate intenso sobre la influencia extranjera en las elecciones nacionales, poniendo de relieve los dilemas de soberanía y política exterior que atraviesan Europa central en plena crisis energética y geopolítica.