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Israel afronta una nueva cita electoral con el futuro político de Benjamin Netanyahu en el centro del debate. Gaza, los siete frentes de guerra del país, una crisis de confianza y una profunda división social, las elecciones del 27 de octubre ponen a prueba la continuidad del primer ministro y la capacidad del sistema político para articular una mayoría estable. Las encuestas dibujan una Knéset fragmentada, sin que ningún bloque tenga asegurados los 61 escaños necesarios para gobernar. 

Pero la batalla electoral no se limita a la gestión de la guerra ni a la formación de una mayoría parlamentaria. El recuerdo del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el debate sobre las responsabilidades por los errores de seguridad que lo hicieron posible continúan marcando el futuro político de Netanyahu. El ataque causó más de 1.200 muertos y dejó más de 250 rehenes, y ha alimentado las críticas a un primer ministro que todavía tiene que responder políticamente por aquel fracaso de seguridad.

¿Qué dicen los sondeos?

Los sondeos sitúan a Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar, como uno de los principales rivales de Netanyahu en la carrera electoral. Una encuesta de la radiotelevisión pública KAN, publicada el 12 de octubre, daba a Eisenkot un 43% de apoyo como candidato preferido a primer ministro, frente al 38% de Netanyahu. En la proyección de escaños, Yashar obtenía 22 diputados, frente a los 20 del Likud, el partido de Netanyahu. Sin embargo, el primer ministro todavía podía contar con el apoyo de los partidos de su bloque —ultraortodoxos y de extrema derecha—, que sumarían 53 de los 120 escaños de la Knéset, lejos de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta.

Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del ejército israelí y líder del partido Yashar, reza en el Muro de las Lamentaciones / EFE

Para Mario Sznajder, profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el problema va mucho más allá de una pugna entre partidos. "El sistema político de Israel, el sistema electoral actual, está agotado", afirma en conversación con ElNacional.cat. Después de décadas de estudio de la política israelí, considera que la fragmentación parlamentaria dificulta la formación de gobiernos y hace cada vez más complicado transformar los resultados electorales en mayorías capaces de gobernar.

Su diagnóstico es contundente. "Lo que haría falta es reformar el sistema electoral para que sea más fácil conseguir coaliciones de gobierno", explica. Entre las posibles soluciones, defiende que haya menos partidos pequeños y formaciones principales más grandes, capaces de reducir la dependencia de grupos minoritarios con una gran capacidad de condicionar las negociaciones.

¿Una elección o un plebiscito sobre Netanyahu?

La personalización de la política es, para Sznajder, uno de los fenómenos más significativos. "Hoy la elección es entre Bibi Netanyahu y no Netanyahu", resume. Aunque Israel dispone de un sistema parlamentario en que los ciudadanos votan candidaturas de partido, la confrontación se ha concentrado progresivamente en la figura del primer ministro. Según el politólogo, los medios de comunicación, la televisión y, especialmente, las redes sociales han contribuido a esta transformación. Los mensajes electorales ya no giran tanto alrededor de los programas de las formaciones como de la continuidad o el rechazo de un líder.

Esta personalización, sin embargo, no implica necesariamente que el desgaste del gobierno se traduzca en una transferencia de votos hacia la oposición. Sznajder señala que el Likud conserva una base electoral muy fiel, sostenida en parte por vínculos familiares y una identificación política que describe como "casi tribal". Por eso, considera posible que algunos votantes tradicionales de Netanyahu se queden en casa, en lugar de apoyar a otra candidatura.

Un cartel electoral con las imágenes del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu (derecha), y del líder del partido Yashar, Gadi Eisenkot (izquierda), en Ramat Gan, cerca de Tel-Aviv, en la recta final de la campaña / EFE

La extrema derecha y el coste internacional

La dependencia de Netanyahu de sus socios más conservadores y ultranacionalistas es otro de los factores que marcan la campaña. Sznajder señala especialmente a Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, y a Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, por el impacto de sus posiciones y decisiones sobre la imagen exterior de Israel.

Sobre Ben-Gvir, el politólogo es especialmente crítico: considera que sus declaraciones han provocado "un daño diplomático y político terrible a Israel". También cuestiona la gestión del ministerio que dirige y las consecuencias de sus políticas sobre los presos palestinos. En cuanto a Smotrich, Sznajder destaca la aceleración de los asentamientos israelíes en Cisjordania durante los años de guerra. Según su diagnóstico, estas decisiones agravan la confrontación con la comunidad internacional y dificultan cualquier salida política al conflicto.

El profesor también denuncia los ataques de colonos contra civiles palestinos y considera que el ejército y la policía no los protegen adecuadamente. A su entender, la presencia de dirigentes ultranacionalistas en el gobierno contribuye a generar un clima en el que estas agresiones no reciben una respuesta suficiente.

El resultado es una fractura entre la política interna y la proyección exterior del país. Mientras una parte de la sociedad continúa priorizando la seguridad y mantiene el apoyo a Netanyahu, el deterioro de la imagen internacional de Israel se ha convertido en un factor central del debate.

Cartel de campaña / EFE

Los árabes israelíes y los ultraortodoxos, piezas clave

La fragmentación también pone el foco en dos colectivos con capacidad de influir en el resultado: los ciudadanos árabes israelíes y los judíos ultraortodoxos. Los partidos árabes tienen representación parlamentaria, pero su incorporación a las coaliciones de gobierno continúa siendo un obstáculo político. Sznajder considera que excluir sistemáticamente a estos partidos limita las posibilidades de formar mayorías y cuestiona que una parte importante de la población quede al margen del poder ejecutivo.

En este contexto, destaca el partido Ra’am, liderado por Mansour Abbas, y la apuesta por una participación política que supere las barreras identitarias. "El 20 % de la población es árabe y tienen derecho a estar en el gobierno", sostiene, en referencia a la necesidad de integrar a esta comunidad en las instituciones.

Al mismo tiempo, los partidos ultraortodoxos continúan siendo socios potencialmente decisivos para la derecha. Uno de los principales conflictos es la exención del servicio militar para una parte de esta comunidad. Sznajder recuerda que la cuestión afecta a decenas de miles de personas y pone en discusión el reparto de las obligaciones en una sociedad sometida a una movilización militar prolongada.

Desde la perspectiva de la comunidad judía en Barcelona, el rabino Dovid Menajem Mendel Libersohn, de Jabad Lubavitch, también cuestiona que las elecciones puedan traducirse en una transformación inmediata del país. "El que conoce la realidad de Israel desde dentro sabe que el movimiento en el tablero de ajedrez va de peón en peón, uno por uno, poco a poco y con reglas", afirma en conversación con este diario. Así, destaca la necesidad de formar coaliciones y las dificultades para llegar a acuerdos entre fuerzas políticas limitan el margen de maniobra de cualquier gobierno.

La guerra, Trump y el peligro de la desinformación

El cansancio social después de años de conflicto convive con la persistencia de una base electoral fiel a Netanyahu. Sznajder advierte, además, del riesgo de que la escalada regional se convierta en un factor de la campaña. Considera que el primer ministro podría tener incentivos políticos para intensificar las tensiones si percibe que pierde apoyo, aunque se trata de una interpretación suya y no de un hecho demostrado. También cuestiona la intervención de Donald Trump en la política israelí. A su parecer, el apoyo público del presidente estadounidense a Netanyahu constituye una injerencia en unas elecciones que deberían desarrollarse sin intervenciones externas.

Donald Trump, presidente de EE. UU. / EFE

Otro motivo de preocupación es la desinformación electoral. Sznajder alerta de que la inteligencia artificial y los bots pueden difundir mensajes falsos para confundir a los votantes o disuadirlos de participar. "Esto puede llegar a generar violencia", advierte, y reclama prudencia ante los contenidos que circulan por las redes sociales.

Más allá de la pugna electoral, Libersohn defiende la educación y el contacto entre sociedades como vías para combatir los prejuicios y favorecer la convivencia. "Yo, desde donde puedo aportar, es desde la educación y los viajes", explica. El rabino considera que conocer otras realidades y aceptar que existen maneras diferentes de entender el mundo es esencial para avanzar hacia una sociedad más abierta. También apuesta por educar a los más jóvenes para cuestionar las ideas preconcebidas sobre el judaísmo y la realidad israelí.

Al final de la conversación, el politólogo explicita su posición personal en una reflexión contundente: "Creo que Bibi ha destruido este país y que, si no elegimos otro gobierno y él gobierna un periodo más, este país puede llegar a desaparecer".