La reapertura del estrecho de Ormuz, clave para el tránsito de petróleo y gas en todo el mundo, es una de las principales preocupaciones de la administración Trump en medio de la guerra con Irán. Aunque el presidente Donald Trump ha asegurado que el estrecho se abrirá “muy pronto”, fuentes de la Casa Blanca reconocen que EE. UU. no puede garantizarlo solo.
Según los altos cargos, cumplir los objetivos militares y a la vez prometer la reapertura inmediata sería muy difícil: se calcula que podría tardar semanas, incluso meses, antes de que el paso marítimo vuelva a estar completamente operativo. Aproximadamente un 20% del petróleo mundial pasa por esta vía, lo cual hace que la situación sea especialmente crítica.
Presión sobre los aliados
Trump ha insistido en que otros países, especialmente europeos, deben compartir la responsabilidad de reabrir el estrecho. EE. UU. ha presionado durante semanas para que envíen fuerzas navales que escolten los barcos, pero hasta ahora nadie ha aceptado actuar mientras la guerra continúa.
Según el presidente, los precios de la gasolina bajarán rápidamente una vez termine el conflicto, a pesar de que recientemente han llegado a más de 4 dólares el galón en Estados Unidos. La Casa Blanca ha tomado medidas para aliviar el impacto, como levantar parcialmente sanciones al petróleo ruso, proporcionar seguro para los barcos y coordinar la liberación de 400 millones de barriles de petróleo.
Comunicación y relaciones públicas
Fuentes cercanas a Trump explican que la retórica agresiva hacia Europa también sirve para marcar políticamente que no es solo un problema de EE. UU., sino un reto internacional que requiere acción conjunta.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, han recalcado que los EE. UU. lideran parcialmente, pero que la colaboración internacional será clave para garantizar la seguridad marítima. Rubio ha subrayado que los EE. UU. solo jugarán un papel de apoyo en una futura coalición internacional.
El papel de China y Pakistán
Mientras tanto, China y Pakistán han propuesto un plan de cinco puntos para restaurar la paz en Oriente Próximo, que incluye la protección de los barcos y la reapertura segura del Estrecho de Ormuz. Esta iniciativa muestra cómo otros actores globales intentan aprovechar la situación mientras los EE. UU. delegan responsabilidades.
Según el comunicado conjunto, el objetivo es garantizar el paso seguro de las embarcaciones civiles y comerciales y restaurar la normalidad lo antes posible, reforzando la importancia geopolítica del estrecho y la necesidad de una acción colectiva internacional.
