El presidente ruso, Vladímir Putin, ha vuelto a escenificar su estrecha relación con el líder chino, Xi Jinping, con una frase cargada de simbolismo político —y casi sentimental—. Durante un encuentro celebrado este martes en Pekín, Putin citó un dicho popular chino para subrayar la complicidad entre ambos mandatarios: “Un día separados se siente como tres otoños”.

“Estimado amigo”, dijo el presidente ruso dirigiéndose directamente a Xi antes de recuperar una expresión tradicional asociada a la nostalgia y el afecto. La frase, lejos de ser anecdótica, llega en un momento especialmente sensible para el Kremlin y refuerza la imagen de una alianza cada vez más consolidada entre Rusia y China en plena batalla geopolítica con Occidente.

El encuentro vuelve a evidenciar la sintonía entre Moscú y Pekín más de tres años después de que ambos líderes proclamaran una “amistad sin límites” durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín en febrero de 2022. Aquella fotografía conjunta se interpretó como un punto de inflexión global: pocos días después, Rusia iniciaba la invasión a gran escala de Ucrania y la relación entre las dos potencias pasaba a ocupar un lugar central en el equilibrio internacional.

Las posiciones calculadas de Xi Jinping

Desde entonces, China ha mantenido una posición calculadamente ambigua respecto a la guerra. Pekín no ha condenado nunca explícitamente a Moscú e insiste en la necesidad de tener en cuenta las “preocupaciones de seguridad” rusas, a pesar de defender formalmente la soberanía territorial de los estados. Esta estrategia ha permitido a Xi preservar la relación con Putin sin romper completamente los puentes con Europa y Estados Unidos.

Para el Kremlin, el apoyo chino se ha convertido en una pieza clave. Las sanciones occidentales han acelerado el giro económico de Rusia hacia Asia y han reforzado la dependencia de Moscú respecto al mercado chino. El comercio bilateral entre ambos países alcanzó los 227.900 millones de dólares en 2025, mientras Pekín se ha consolidado como el principal comprador de petróleo y gas rusos.

La cooperación energética es hoy uno de los grandes pilares de la relación. Rusia necesita a China para compensar la ruptura con Europa, mientras Pekín ve a Moscú como un proveedor estratégico en medio de las tensiones globales y la inestabilidad en el Próximo Oriente. Al mismo tiempo, ambos gobiernos han intensificado los ejercicios militares conjuntos y la coordinación diplomática en espacios como los BRICS o el Consejo de Seguridad de la ONU.

Putin también recordó con “especial estima” su visita a China el año pasado, cuando ambos líderes participaron juntos en los actos conmemorativos del 80º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial. El Kremlin lleva tiempo utilizando esta memoria compartida para alimentar un relato de fraternidad histórica con Pekín.

Moscú y China comparten una misma ambición: erosionar el orden internacional liderado por Estados Unidos e impulsar un sistema más “multipolar”. Sin embargo, la relación sigue siendo desigual. Rusia necesita mucho más a China que a la inversa. Pero escenas como la de este martes —con dichos tradicionales y elogios personales incluidos— dejan claro que ni Putin ni Xi tienen intención de aflojar una alianza que consideran estratégica para el futuro equilibrio global.