Nueva jornada de movilizaciones y de huelga en Francia en contra del encarecimiento de la vida y en defensa de los servicios públicos. Este jueves, 600.000 personas según las autoridades del país (1,6 millones, según los sindicatos), han salido a las calles en un nuevo pulso contra el gobierno de Macron y supone un claro repunte del descontento social respecto a las anteriores protestas de este otoño. Estos datos son comparables a los registrados durante el auge de las macroprotestas contra la reforma de las pensiones del invierno de 2023, lo que deja entrever el descontento de los franceses en un otoño caliente, desde que los estudiantes encendieron la mecha de las protestas.
Las nuevas movilizaciones son la continuación a un octubre de protestas y de extrema violencia urbana ocurrida al margen de manifestaciones sociales, en que resultaron saqueados al menos 3.000 comercios en Francia y quemados edificios como la sede del Ayuntamiento de Limoges. Este jueves, de momento, las autoridades no han informado de graves incidentes en un país todavía con el recuerdo de los hechos del pasado 17 de octubre. Este nuevo pulso al gobierno ha provocado la rápida reacción de su primer ministro, Sébastien Lecornu, que se ha apresurado a anunciar que recibirá el próximo lunes en Matignon (sede del gobierno francés) a los sindicatos y las organizaciones empresariales en una "conferencia social" destinada a buscar respuestas a las preocupaciones sobre el poder adquisitivo y los salarios.
En cuanto a las reivindicaciones, Christelle Kelf, secretaria general adjunta de la federación de metalurgia y minas de la Confederación Francesa de Trabajadores (CFDT, primera central del país), ha destacado el aumento del salario mínimo, la reindustrialización, "más justicia social y también condiciones a las ayudas" y ha dicho que la continuación del movimiento dependerá "de la respuesta del gobierno". También ha querido insistir en que una parte de las reclamaciones van dirigidas a la patronal, que "no se priva" de dar dividendos a sus accionistas, y con la que dijo que "tendríamos que ser un poco más firmes". Por su parte, la líder sindical de la CFDT, Marylise Léon, ha denunciado que "nunca habían tenido tantas dificultades para organizar una manifestación", en alusión a la prohibición que el Ministerio del Interior ha puesto al recorrido inicial deseado por los organizadores, de la plaza de la Bastilla a la de la Concordia, que pasaba por zonas próximas a sedes de poder en Francia, como el Elíseo o la Asamblea Nacional francesa.
La jornada de huelga ha tenido un seguimiento desigual. Mientras que en las universidades, cerca de un 30% de los centros la han secundado, en los institutos, donde nació hace casi dos meses la ola de protestas, ha tenido un seguimiento menor. La huelga nacional también ha obligado a cerrar al público la Torre Eiffel y algunas salas del Museo del Louvre o la reducción del horario de visita del Museo de Orsay.