Con las negociaciones entre Estados Unidos e Irán estancadas y sin perspectivas inmediatas de desbloqueo, los países del Golfo Pérsico buscan vías alternativas para garantizar el suministro energético en medio de un escenario marcado por la guerra y la práctica paralización del estrecho de Ormuz. El Ministerio de Energía de Arabia Saudita ha anunciado este sábado que el oleoducto Este-Oeste, que recorre la península arábiga hasta Baréin y Catar sin atravesar Ormuz, ya ha sido reparado después de los daños causados por ataques iraníes. Según el comunicado oficial, el conducto ha reanudado el bombeo y ha recuperado los volúmenes de producción habituales, especialmente en el campo de Manifa, con una capacidad de unos 300.000 barriles diarios.
El Ministerio ha subrayado que la rapidez en la recuperación del servicio evidencia “la alta capacidad de respuesta operativa y la eficiencia en la gestión de crisis de Aramco y del sistema energético del Reino”, y ha añadido que estos avances “mejoran la fiabilidad y la continuidad del suministro a los mercados locales y globales, y dan apoyo a la economía mundial”. El tono de las declaraciones no es casual; busca desprender sensación de fiabilidad en un momento en que la seguridad en los países del Golfo ha sido cuestionada por su fragilidad ante los ataques iraníes.

De hecho, el anuncio de Riad llega justo tres días después de los bombardeos que provocaron una caída temporal de la producción saudita. Hay otras infraestructuras que continúan en proceso de recuperación. En el campo de Khurais, los trabajos para restablecer completamente la capacidad productiva siguen en marcha y se informará cuando hayan concluido. Los especialistas sauditas han aprovechado estos días de alto el fuego para ponerse manos a la obra con las tareas de reparación, finalmente exitosas.
Pérdida de confianza
La escalada regional de la guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán ha impactado en infraestructuras clave de producción, transporte y refinación de las monarquías del Golfo. En Arabia Saudita se han registrado interrupciones en refinerías estratégicas como Ras Tanura, SATORP en Jubail y SAMREF, así como afectaciones en el procesamiento de gas. Con la recuperación progresiva de estas instalaciones, el Reino intenta contener el impacto de la volatilidad en los mercados energéticos y reforzar su posición como proveedor fiable, especialmente en un contexto en que las rutas marítimas del Golfo continúan condicionadas por el bloqueo de Ormuz.
No es la primera vez que los saudíes viven una situación de tanta incertidumbre. Precisamente el oleoducto Este-Oeste fue construido durante la guerra entre Irán e Irak en la década de los ochenta para permitir que las exportaciones de petróleo saudíes evitaran la guerra de los petroleros que tenía lugar en el estrecho de Ormuz.