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Alberta ha rechazado abrir la vía a su independencia de Canadá, según las primeras proyecciones de la radiotelevisión pública canadiense CBC. Los resultados preliminares de la consulta celebrada el lunes sitúan por encima del 76% el apoyo a seguir formando parte del país, mientras que cerca del 23% de los votantes se habría pronunciado a favor de iniciar el proceso legal para celebrar un futuro referéndum vinculante sobre la separación. La votación no decidía directamente la independencia, sino si había que poner en marcha los trámites para llegar a una consulta posterior.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, celebró el resultado y aseguró que los habitantes de la provincia habían tomado una decisión clara a favor de la unidad. La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, también se mostró satisfecha con los primeros datos. Smith, que defiende que la provincia continúe dentro de Canadá, destacó el apoyo a mantener la actual vinculación territorial.

La publicación de los resultados se retrasó después de que 106 colegios electorales abrieran tarde y que algunos tuvieran que prolongar la jornada hasta dos horas. La consulta había generado expectación porque ponía sobre la mesa la posibilidad de iniciar un proceso de separación en una de las provincias económicamente más importantes del país.

Alberta, territorio clave

Alberta es un territorio clave para la economía canadiense, especialmente por la industria de los hidrocarburos. En 2025 produjo cerca del 84% del petróleo del país, según los datos recogidos en la información sobre la consulta. Una eventual independencia tendría consecuencias importantes sobre las finanzas públicas, el comercio energético y las relaciones económicas con el resto de Canadá.

El movimiento independentista se ha alimentado, entre otros factores, del desacuerdo con las políticas del gobierno federal. Los partidarios de la separación consideran que las regulaciones ambientales de Ottawa limitan el desarrollo de la industria petrolera y cuestionan el reparto de los recursos fiscales entre la provincia y el conjunto del Estado. También denuncian que Alberta aporta una contribución económica elevada a las finanzas federales sin disponer, a su parecer, de una influencia política proporcional.

Este malestar ha reforzado las demandas de autonomía y ha dado empuje a los sectores que defienden la independencia. Sin embargo, Smith se ha desmarcado de esta opción y ha apostado por mantener Alberta dentro de Canadá, a pesar de las presiones de los partidarios de la secesión.

Las primeras proyecciones suponen un revés para los independentistas, pero no eliminan las tensiones entre Edmonton, la capital provincial, y Ottawa. Una eventual separación debería afrontar obstáculos constitucionales y negociaciones con el gobierno federal, las otras provincias y los pueblos indígenas. El resultado, por lo tanto, apunta a un apoyo mayoritario a la continuidad dentro de Canadá, pero deja vigente el debate sobre el reparto de poder y recursos entre la provincia y el gobierno central.