Pep Guardiola, después de 10 años al frente del Manchester City, ha regresado a Barcelona, donde se tomará un periodo sabático. Atrás queda su vida en Mánchester. Y también su casa. Guardiola pudo elegir una gran mansión con jardín en las afueras de la ciudad inglesa. Muchos entrenadores y futbolistas de la Premier prefieren esa fórmula. Él tomó otro camino. El técnico instaló su vida en CitySuites, un edificio céntrico que ofrecía comodidades propias de un hotel de cinco estrellas.
El complejo se levanta junto a Deansgate y el río Irwell. Sus 16 plantas albergan 237 apartamentos para huéspedes temporales y residentes. Guardiola ocupó una de las viviendas más exclusivas, valorada alrededor de tres millones de euros. La ubicación le permitía tener restaurantes, tiendas y buena parte del centro a tiro de piedra.

Complejo de lujo en pleno Mánchester
El Etihad Campus quedaba a pocos minutos en coche. Esa cercanía simplificaba sus desplazamientos diarios al trabajo. También podía caminar hasta Tast, el proyecto gastronómico relacionado con el entrenador en la zona de Deansgate. Guardiola quería vivir dentro de la ciudad, como había hecho anteriormente en Barcelona y Múnich.
Encontrar la vivienda adecuada no resultó sencillo. Algunos libros sobre su etapa inglesa cuentan que este asunto llegó a complicar las conversaciones previas a su fichaje. El entrenador tenía claras sus preferencias. No buscaba aislamiento, hectáreas de terreno ni una fortaleza alejada. Guardiola quería privacidad, pero sin renunciar al ritmo cotidiano de Mánchester.
El apartamento seguía una estética minimalista. El salón, el comedor y la cocina compartían un espacio abierto. Los electrodomésticos estaban integrados. Las líneas rectas dominaban los muebles y las paredes evitaban adornos excesivos. Los tonos blancos, grises y madera creaban un ambiente sobrio, luminoso y ordenado.
Los ventanales iban desde el suelo hasta el techo. La luz natural llenaba las estancias y dejaba el paisaje urbano a la vista. La catedral, las grúas y los nuevos rascacielos componían el fondo. El piso tenía dos dormitorios con camas king size. La vivienda parecía pensada para un ejecutivo urbano antes que para una estrella del fútbol.

Un hotel bajo sus pies
La gran diferencia aparecía al salir del apartamento. CitySuites ofrecía una piscina cubierta de 18 metros, jacuzzi, sauna y gimnasio abierto durante todo el día. Un salón privado ampliaba las zonas de descanso. Guardiola podía entrenar, nadar o desconectar sin abandonar el edificio. No le faltaba de nada.
El complejo también disponía de conserjería permanente, lavandería, limpieza opcional y garaje privado. Esos servicios reducían los asuntos domésticos y liberaban tiempo para el fútbol. El entrenador convirtió la comodidad en una herramienta para mantener controlada una agenda profesional especialmente exigente. No necesitó una mansión para rodearse de lujo, porque tenía un hotel entero bajo sus pies.