Toni Soler desmonta la nostalgia por la niñez: “La escuela era una selva, un infierno de competitividad”

Toni Soler no comparte la imagen idealizada de la infancia como una etapa necesariamente feliz a la que uno querría regresar. El periodista y creador de Polònia ha explicado que nunca sintió nostalgia por aquellos años y que, de hecho, siempre tuvo muchas ganas de hacerse adulto. Su recuerdo de la escuela está muy lejos de esa visión amable: “La escuela era una selva, un infierno de competitividad”.

La confesión la hizo en una entrevista con Nació publicada en 2018, cuando hablaba de su libro El tumor. Soler fue todavía más explícito: “Nunca he echado de menos la infancia”, aseguró. Para él, aquellos años tenían algo de “barbarie”, con dinámicas entre niños que recuerda como especialmente duras y una sensación constante de estar rodeado de pequeños “salvajes”.

“Yo quería ser adulto”

Uno de los recuerdos que utiliza para explicarlo es muy gráfico. Contó que bastaba con aparecer un día en la escuela con el pelo recién cortado para recibir collejas de los compañeros. Ese tipo de situaciones hicieron que asociara la infancia menos con la inocencia y más con una etapa donde la presión del grupo y la necesidad de encajar podían ser constantes.

Toni Soler TV3
Toni Soler TV3

Por eso nunca conectó con esa idea tan repetida de que la infancia es la verdadera patria de una persona. Soler ha insistido en otras entrevistas en que no volvería “ni loco” a aquella etapa. Incluso siendo una persona muy interesada en el pasado y reconocidamente nostálgica, distingue perfectamente entre sentir fascinación por lo vivido y desear repetirlo.

La nostalgia no siempre mejora los recuerdos

Su reflexión desmonta una tendencia habitual como lo es recordar la niñez únicamente a través de los momentos agradables y borrar con el tiempo las inseguridades, las rivalidades o el miedo que también podían formar parte de la vida escolar. En su caso, hacerse adulto significó precisamente ganar una libertad que de niño todavía no tenía.

Soler no niega que hubiera buenos momentos, pero rechaza convertirlos en una época perfecta. Su recuerdo es mucho más incómodo y, quizá por eso, también más reconocible para quienes vivieron la escuela de forma parecida. La infancia puede despertar ternura cuando se mira desde lejos, pero para él hubo demasiada presión como para desear regresar. “La escuela era una selva”, resume, y con eso deja bastante claro por qué nunca sintió nostalgia de aquellos años.