Toni dejó el camión cuando sus viviendas le permitieron dejar de depender de aquellas jornadas interminables. Había empezado con un objetivo concreto: reunir cinco pisos que le dejaran unos 3.000 euros mensuales disponibles. Sin embargo, siguió comprando hasta llegar a ocho. Entonces tomó la decisión que llevaba tiempo preparando: abandonar un trabajo que ocupaba buena parte de su día y vivir con el respaldo de los ingresos inmobiliarios.
“Cuando compré ya el octavo dije bueno ahora sí que sí. Ya no me compensaba seguir tantas horas trabajando en el camión”, explicó en el pódcast Libertad Inmobiliaria, de Carlos Galán. Como camionero autónomo, asumía tanto las horas de conducción como los gastos y las preocupaciones del vehículo. El trabajo le había permitido financiar las compras, pero también era aquello de lo que quería liberarse.
De una vivienda heredada a comprar para alquilar
Su primer contacto con el alquiler llegó a través de una vivienda heredada junto a sus hermanas. Compró sus participaciones y puso el inmueble en alquiler. Aquella experiencia le permitió comprobar que podía obtener ingresos de una propiedad mientras continuaba trabajando. Durante la pandemia decidió dedicar más atención a ese camino, formarse y buscar nuevas operaciones que lo acercaran a su objetivo.
En este sentido, fue ampliando su cartera con viviendas económicas y reformas. Una de sus compras costó 58.000 euros y necesitó otros 9.000 para acondicionarla. También recurrió al alquiler por habitaciones. La estrategia exigía seguir generando dinero con el camión mientras adquiría inmuebles, preparaba las viviendas y encontraba inquilinos. Cada operación suponía un paso más hacia el momento de poder dejar la carretera.
Dejó el camión, pero volvió a trabajar
El proceso también tuvo una operación especialmente complicada: compró por 26.000 euros un piso que había sido ocupado durante los trámites de financiación. Recuperarlo le llevó cinco años y una negociación. Esa experiencia muestra que acumular propiedades también puede implicar dinero inmovilizado, gestiones y problemas que se prolongan mucho más de lo previsto. El alquiler aportaba ingresos, aunque las compras no siempre salieron como esperaba.
Así pues, alcanzar las ocho viviendas cambió su capacidad para decidir. Tras dejar el camión y pasar un verano descansando, volvió a trabajar por cuenta ajena en una empresa cercana a casa. La diferencia estaba en la necesidad: según su relato, las rentas le permitían afrontar ese empleo sin depender del sueldo para vivir. Había conseguido que trabajar tantas horas dejara de ser una obligación.
