Toni Cruanyes ha hablado con una sinceridad poco habitual sobre uno de los momentos más difíciles que ha vivido como padre. Su hija pequeña, Joana, tenía apenas seis meses cuando fue diagnosticada de bronquiolitis y necesitó ingresar en el hospital. Para el periodista, aquella situación fue completamente distinta porque implicaba miedo, impotencia y la salud de una bebé.
“Ver a tu hija con los tubos respiradores en la nariz… fue un momento muy duro”, ha recordado. La imagen quedó grabada porque condensaba todo aquello que un padre no puede controlar. Cruanyes ha explicado que los problemas respiratorios no terminaron con aquel primer ingreso, sino que se repitieron durante dos años y medio, obligando a la familia a convivir con nuevas visitas al hospital.
La enfermedad convirtió la paternidad en miedo
La bronquiolitis puede provocar dificultades respiratorias importantes en bebés y niños pequeños, y para la familia cada episodio significaba volver a vigilar síntomas, respiración y evolución. Cruanyes reconoce que aquellas situaciones “te hacen sufrir”, especialmente cuando el paciente es demasiado pequeño para explicar qué siente y todo depende de la observación de los adultos y del equipo médico.

El alivio llegó cuando Joana cumplió alrededor de tres años y los problemas dejaron de repetirse. El periodista habla de esa etapa desde la distancia, pero sin minimizarla. Haber superado aquellos ingresos no borra las horas de incertidumbre ni la sensación de vulnerabilidad que aparece cuando un hijo necesita ayuda para respirar y los padres únicamente pueden acompañarlo.
Conciliar cuando el trabajo termina de noche
A esa experiencia se añade una rutina profesional complicada. Cruanyes presenta el TN Vespre y trabaja durante las tardes de entre semana, precisamente las horas en las que muchas familias coinciden después del colegio. Por eso intenta aprovechar el mediodía, buscar momentos concretos entre semana y reservar los fines de semana para estar disponible para sus dos hijos.
Su relato muestra una paternidad alejada de la imagen perfecta. Hay trabajo, horarios difíciles, miedo y momentos en los que resulta imposible estar en todas partes. También existe una voluntad siempre presente para acompañar. Cruanyes reconoce que ver a su hija conectada a tubos respiratorios cambió la escala de prioridades. Cuando la salud de un hijo se complica, las exigencias profesionales pierden peso y aparece una preocupación básica: que respire, que mejore y que pueda volver a casa. Años después, recuerda aquella etapa como una de las más duras y como una prueba de hasta dónde puede llegar la preocupación de un padre.