Tomàs Molina lleva décadas siendo uno de los rostros más reconocibles de la televisión catalana, pero pocas veces ha hablado con tanta naturalidad sobre su vida sentimental. Casado con Maria Antònia desde 1991, el meteorólogo sorprendió al participar en Afers interiors, el espacio de SomEva presentado por la sexóloga Beti Badia, donde respondió abiertamente a preguntas sobre relaciones, sexo y fidelidad. Allí dejó clara una idea: “No se me pasaría por la cabeza poner los cuernos”.
La confesión llegó durante un test en el que Molina también explicó que no había tenido demasiadas exnovias. Para él, la infidelidad no entra dentro de su forma de entender una relación. Incluso bromeó asegurando que quizá determinadas maneras de afrontar las relaciones pertenecen más a generaciones posteriores. Su respuesta encaja con una vida en pareja especialmente estable: él y Maria Antònia llevan juntos desde hace más de tres décadas.
Más de tres décadas juntos
Molina ha hablado en otras ocasiones de esa estabilidad casi como un rasgo de personalidad. Él mismo se define como alguien muy planificador, poco amigo de las sorpresas y cómodo con las rutinas. Un ejemplo lo da con sus vacaciones: desde hace unos treinta años, él y su mujer regresan al mismo apartamento de Menorca y repiten prácticamente los mismos planes durante su estancia.

Esa manera de entender la pareja no significa, sin embargo, que hable de las relaciones desde la solemnidad. Durante la conversación con Beti Badia recordó incluso una anécdota de juventud en Nueva York. En el hotel donde se alojaban había canales para adultos y, aunque reconoció que no eran grandes consumidores, decidieron dejarlos puestos. Su conclusión fue sencilla: para él, el sexo también debe tener una parte divertida y de complicidad.
Hablar sin tabúes de sexo y relaciones
El meteorólogo aprovechó además la entrevista para cuestionar la idea de que las generaciones mayores no hayan tenido una vida sexual activa o no puedan hablar con normalidad de ella. Molina utilizó el humor para recordar que los padres también fueron jóvenes y defendió una conversación menos incómoda entre generaciones sobre estos temas.
Su forma de hablar de fidelidad encaja precisamente en esa combinación entre naturalidad y estabilidad. Molina no presenta su matrimonio como algo extraordinario ni construye grandes discursos alrededor de él. Simplemente explica que nunca se ha planteado ser infiel. Después de más de treinta años junto a Maria Antònia, su respuesta sobre los cuernos acaba siendo casi una extensión de la manera tranquila y previsible con la que asegura entender también el resto de su vida.