Thierry Henry es, además de uno de los mejores jugadores de este siglo XXI, uno de los mejores analistas de fútbol que hay actualmente. No tuvo suerte en su etapa como entrenador, llegando a dirigir al AS Mónaco, a la selección gala en los Juegos Olímpicos de 2024 o al Montreal Impact, pero como comentarista en la televisión inglesa ha encontrado su lugar. Y destaca por su increíble capacidad para comunicarse y darse a entender.
Como futbolista, conquistó todos los títulos posibles, y es la mayor leyenda en la historia del Arsenal, y para muchos, el mejor futbolista de la historia de la Premier League. Pero en una entrevista a ‘The Diary of a CEO’, el exfutbolista de Red Bull New York, Barça o Juventus de Turín también recordó lo complicada que fue su infancia, después de haber nacido en una familia muy humilde, sin lujos, y de vivir en un barrio realmente conflictivo.
“Crecí en un barrio normal. Si entiendes por normal por todo lo que ello conlleva. Ladrones, armas, peleas, felicidad, diferente comida, diferentes religiones, diversidad… yo siempre dije que fue lo mejor para mí, para entender cómo era el mundo. No puedes comparar con lo que viven mis hijos hoy. Pero si tuviera que hacerlo de nuevo, lo haría de nuevo. Yo hice todo para que ellos no crezcan allí porque crecer allí, yo no quería que ellos pasaran por ello, es raro para mí decir esto, es como un cliché decir que realmente no querías crecer allí, porque es mejor crecer en otro sitio. Pero para mí no, por eso digo que lo haría de nuevo, porque esto me hizo entender un montón de cosas, viviendo con otros, coexistiendo, lo que piensas, lo que llevas… en mi clase había senegaleses, malienses, asiáticos, italianos, polacos, portugueses…”, afirmó ‘Titi’ a la hora de recordar su barrio.
Pero lo que más marcó a Henry fue el divorcio de sus padres. “Mis padres se divorciaron cuando yo tenía siete, ocho años, entonces mi padre se fue de mi casa, pero él estaba presente cuando yo iba a los entrenamientos o a los partidos… o venía de vez en cuando, pero técnicamente me crie con mi madre. Incluso cuando ellos estaban juntos no veía ese amor, ese afecto, abrazos. Cuando yo crecí, no conocía esto. Más creciendo en este tipo de barrios. Esto lo amplifica, es más como ‘sé fuerte, eres un hombre, debes ser fuerte, no llores. Yo no hablaba si tenía un problema, quizá necesitaba ayuda. Yo no tenía esas herramientas para mejorar. Entiéndeme, yo no sabía que cuando tenía un problema tenía que hablar. No tenía a nadie con quien hablar. Tenías una pelea y cuando llegabas a casa te preguntaban cómo fue tu día y decías ‘que bien’”, prosiguió el campeón del Mundial en el año 1998.
“Yo quería hacer a mi padre feliz. Mi miedo y lo más difícil, como jugador y como persona, era agradar a mi padre, era lo más difícil, agradarlo a él (…) Siempre intentas tener la aprobación, vas creciendo y progresando, ‘estuviste genial’, ‘perfecto’… pero siempre esto, nunca ‘te has perdido esto, te has perdido de hacer lo otro’ así que por mucho tiempo mi objetivo fue agradar a la gente, siempre buscaba la aprobación que cuando era joven nunca llegaba. Yo nunca pensé en esto, yo siempre intentaba agradar a mis compañeros, agradar a los fans, agradar… porque yo crecí queriéndolo agradar a él. Cómo le dices a tu padre que él tiene que dar un paso al costado porque mi carrera es mi vida, cuando él hizo todo por ti en ese momento, como padre, por supuesto, pero cómo le haces entender que él tiene que volar, irse, que yo tengo que volar solo. Esto no fue una conversación, eso nunca ocurrió, sólo se lo hice entender. Con las miradas, asegurándome que el había entendido que no podía venir más, si me pedía entradas no se las mandaba a tiempo… porque hablar era duro”, finalizó a la hora de hablar de la relación con su progenitor.
