Cuando una casa se calienta demasiado en verano, muchas personas miran directamente a las ventanas. Es lógico, porque por los cristales entra sol, calor y sensación de bochorno si no hay una buena protección. Sin embargo, los técnicos en aislamiento explican que no siempre el problema principal está ahí. En muchas viviendas, especialmente en bajos, áticos, casas antiguas o pisos con mala envolvente térmica, el suelo puede tener mucha más responsabilidad de la que parece.
Y es que el suelo también acumula y transmite temperatura. Si debajo hay un garaje caliente, un local mal aislado, una cámara sanitaria sin protección o una superficie expuesta al sol durante horas, la vivienda puede recibir calor desde abajo. Ese calor no siempre se nota de golpe, pero va entrando lentamente y hace que la casa parezca difícil de refrescar incluso con persianas bajadas y ventanas cerradas.
El suelo también transmite calor
La realidad es que muchas viviendas se han reformado cambiando ventanas, poniendo cortinas térmicas o instalando toldos, pero han dejado el suelo exactamente igual. Y eso puede ser un error si el problema viene de una falta de aislamiento inferior.

De este modo, un pavimento antiguo, una solera sin aislamiento o un suelo sobre un espacio no climatizado puede actuar como una superficie que transmite calor durante horas. El aire acondicionado enfría el ambiente, pero el suelo sigue irradiando temperatura y obliga al aparato a trabajar más. Además, algunos materiales retienen mucho calor. Baldosas, piedra o ciertos pavimentos cerámicos pueden acumular temperatura si reciben radiación o si están conectados a una estructura caliente.
No siempre hace falta levantar toda la casa
Eso no significa que haya que hacer una gran obra en todos los casos. Los técnicos recomiendan primero detectar de dónde viene realmente el calor. Si el suelo está siempre templado, si la casa tarda mucho en enfriarse o si el calor vuelve rápido al apagar el aire, puede haber un problema de aislamiento inferior.
En algunos casos se puede mejorar con soluciones como tarimas con base aislante, alfombras técnicas, láminas aislantes, falsos suelos o actuaciones desde el techo del garaje si la vivienda está encima. También ayuda evitar que el sol caliente directamente el pavimento durante horas, usando persianas, estores o toldos en las franjas más críticas.
Así pues, las ventanas son importantes, pero no siempre son las culpables. Si una casa se calienta demasiado, conviene mirar también hacia abajo. Porque un suelo mal aislado puede convertir la vivienda en una superficie que acumula calor y hace mucho más difícil mantenerla fresca en verano.