Sílvia Abril ha hablado muchas veces de una infancia marcada por una familia numerosa, mucho movimiento en casa y una figura especialmente importante: su abuela Catalina. La actriz ha explicado que buena parte de su crianza pasó por ella porque sus padres trabajaban durante muchas horas. “A mí me crió mi abuela, una mujer de Murcia trabajadora del campo, muy seca y muy dura”, recordó al describir una educación bastante distinta de la que ella intenta dar hoy a su hija.
Abril creció en una casa con varias hermanas y una rutina condicionada por los horarios laborales de sus padres. Su madre tenía una floristería y su padre trabajaba el hierro y tenía su propia empresa. En muchas ocasiones era su abuela quien cocinaba, organizaba y se hacía cargo de las niñas, convirtiéndose en una presencia constante durante aquellos años.
Su abuela Catalina era la autoridad de la casa
La propia Sílvia Abril ha descrito aquella educación como muy estricta. De su abuela recuerda especialmente el carácter seco y una forma de criar en la que predominaban los límites claros y las negativas. “Todo era no”, resumió al comparar aquella infancia con la que vive ahora su propia hija.
Ese contraste se ha hecho especialmente evidente desde que se convirtió en madre. Abril reconoce que ella y Andreu Buenafuente acompañan mucho más a su hija, la animan y le permiten experimentar cosas que en su infancia probablemente habrían recibido una respuesta mucho más contundente. Incluso admite que los padres actuales pueden llegar a ser demasiado permisivos, aunque prefiere ese extremo al modelo tan rígido que ella conoció.
De aquella dureza también conserva recuerdos felices
La imagen de una abuela estricta no significa que Abril recuerde su infancia únicamente desde la dureza. Ha explicado que disfrutaba mucho de aquella casa llena de gente y que sus veranos transcurrían entre campings, naturaleza y largas horas jugando mientras su madre trabajaba. Su abuela volvía a estar allí, acompañándolas y ocupándose de ellas.
Con los años, Abril ha reinterpretado esa educación desde otra perspectiva. Entiende que Catalina pertenecía a una generación marcada por el trabajo duro y por unas formas mucho menos expresivas de criar. Hoy ella ha elegido hacerlo de otra manera, pero sigue señalando a su abuela como una de las personas decisivas de su infancia. La mujer “seca y dura” que imponía límites fue también quien estuvo presente mientras sus padres trabajaban y quien terminó dejando una huella enorme en la persona que sería después.
