Rosario paga 1.000 euros de alquiler y es la última vecina de un edificio convertido en coliving

Rosario sigue pagando unos 1.000 euros mensuales por su vivienda en Barcelona, pero casi todos los pisos que la rodean han cambiado de uso. Es la última antigua inquilina de un edificio de la calle Entença, en el Eixample, transformado en alojamientos por habitaciones. Una situación que le ha cambiado por completo la forma de vivir. 

Vive con su hijo y se ha mantenido en el piso después de que su contrato terminara en 2023. Había buscado otra vivienda en el mismo barrio, donde quería seguir viviendo, pero encontró poca oferta y precios que consideraba inasumibles. Entre los anuncios abundaban los alquileres de temporada y las habitaciones a precios desorbitados. Finalmente, decidió quedarse y continuar abonando el alquiler de su hogar.

El edificio cambió de propietarios y de vecinos

La transformación comenzó tras la muerte del antiguo propietario, que dejó el inmueble a la Fundación de la Sagrada Familia. Según reconstruyó elDiario.es, esta lo vendió a Renta Corporación, que posteriormente lo traspasó a Vandor. Mientras se sucedían esos cambios, los residentes fueron marchándose al terminar sus contratos. Las viviendas se reformaron para destinarlas al alquiler por habitaciones para estancias temporales.

Dos turistas accediendo a una vivienda en alquiler temporal, en Barcelona. Europa Press
Dos turistas accediendo a una vivienda en alquiler temporal, en Barcelona. Europa Press

En abril de 2026, el mismo medio recogía que diez de los once pisos ya funcionaban como colivings. Los ocupaban principalmente jóvenes extranjeros que pasaban unos meses en la ciudad. Rosario describía una convivencia marcada por las molestias: “Es una locura de ruido e incivismo”. La escalera donde antes vivían familias, parejas y niños había cambiado de residentes y de dinámica cotidiana.

Sigue pagando mientras se enfrenta a la demanda

El conflicto no nació de una deuda de alquiler. Rosario explicó que siempre había pagado y que no entendía por qué debía abandonar su casa. La propiedad no le renovó el contrato y posteriormente recibió la notificación de una demanda. Ante aquella situación, buscó ayuda en el Sindicat de Llogateres, mientras seguía viviendo en el único piso que no se había reformado.

También ha existido una propuesta para trasladarla. elDiario.es informó de que Vandor le ofreció una vivienda en otro de sus edificios con un contrato de siete años, una oferta que ella reconoció. Sin embargo, mantiene su voluntad de permanecer en su domicilio. Su resistencia consiste en seguir allí y pagar cada mes, mientras alrededor las antiguas viviendas familiares se alquilan por habitaciones.