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Rodrigo Hernández es un ejemplo en muchos aspectos. Es un jugador atípico, que se aleja de polémicas, y que ni siquiera tiene redes sociales. No le interesan las cámaras ni los micrófonos, y únicamente se dedica a jugar al fútbol, su gran pasión. Pero tuvo que hacer muchos sacrificios para cumplir su sueño, como marcharse de su casa cuando todavía era un niño, después de que el Atlético de Madrid lo descartara, por su baja estatura, mudándose a Villarreal.

Rodri

También sorprende el hecho de que no abandonara sus estudios, y fuera a la universidad, donde se acabó graduando. Y, como ha explicado en ‘The Players Tribune’, hizo un pacto con sus padres, en el cual prometió que nunca abandonaría sus estudios, que era la mejor manera de mantener siempre los pies en el suelo, y que no se le subiera la fama a la cabeza. De este modo, podía seguir siendo una persona normal, con obligaciones y distracciones más allá de la pelota.

“A los 10 años, si jugaba un partido y no me iba bien, no podía hablar con mis padres en todo el día. Estaba muy enfadado conmigo mismo. Seguro que mi madre me miraba y pensaba: ‘¿Qué le pasa? Solo es un juego’. Pero para mí, era casi como una droga. Así que hice un trato con mis padres cuando era muy joven. No sé si alguna vez hablamos de ello. Si quería perseguir mi sueño futbolístico, tenía que ir a la universidad. Así que, a los 17 años, me mudé de Madrid a Villarreal y me matriculé en la Universidad Jaume I. El primer año viví en las residencias de la Academia Villarreal con mis compañeros. Pero luego, al cumplir 18, ya te consideran mayor y tienes que buscarte tu propio piso. Fue mi madre quien tuvo la idea: ‘¿Por qué no te mudas a la residencia de estudiantes de la universidad?’ Así que eso fue lo que hice”, comenzaba diciendo el ganador del Balón de Oro en el año 2024.

Rodri, un alumno más en la universidad

Lejos de tener privilegios o ser diferente a los demás, Rodri mantuvo su perfil discreto en la universidad, donde era un alumno más. De hecho, nunca le explicó a sus compañeros que era futbolista profesional, y muchos se quedaron asombrados cuando lo vieron por primera vez en la televisión.

“Yo era como cualquier otro estudiante; ni siquiera sabían que jugaba al fútbol, ​​así que aparecía con mi agua con gas y me quedaba un rato hasta que llegaba la hora de ir a la discoteca. Luego desaparecía. Finalmente, alguien dijo: ‘Rodrigo, ¿por qué nunca sales con nosotros? ¡Vamos, hombre!’. Y tuve que decirles: ‘Bueno, yo juego al fútbol. Tengo entrenamiento por la mañana’. Me mataron por ello. En ese momento, todavía entrenaba con el segundo equipo. Era un don nadie. Ni siquiera tenía coche. La residencia de estudiantes estaba a 15 minutos en coche del centro de entrenamiento del Villarreal, y no podía pagar un taxi todos los días. Así que iba en bici hasta la parada del tranvía”, recordaba el fichaje estrella del Barça este verano.