Vitor Borba ‘Rivaldo’ es una de las grandes leyendas del Barça y del fútbol brasileño. Ganó el Balón de Oro en el año 1999, y también posee una larga lista de trofeos colectivos, destacando el Mundial de 2002, en el cual fue parte de uno de los tridentes ofensivos más temibles que se recuerdan en toda la historia, acompañando a Ronaldo Nazário y a Ronaldinho Gaúcho. Y también dejó un gran recuerdo en otros clubes como el Deportivo de La Coruña, el Palmeiras o el AC Milan.
Pero, para poder llegar a la élite del mundo del fútbol, también tuvo que sufrir mucho y hacer grandes esfuerzos. Como la gran mayoría de jugadores brasileños, no creció en una familia con muchos recursos, y jugar a la pelota era su única vía de salida para escapar de los problemas. Así lo recordó en una entrevista con ‘El Gráfico’, donde se atrevió a desvelar alguno de los secretos que tenía mejor guardados, y que nunca antes había contado.
“En Paulista es difícil soñar. Hay que vivirlo para saber lo que es, trabajar todo el día para tener muy poco, pasar hambre, sufrir... en la playa, cuando me cansaba y dejaba todo lo que estaba vendiendo, o sea todos los días… llegar a mi casa, descalzarme y salir a jugar en la arena era una sensación hermosa que todavía recuerdo muy bien”, explicaba el exfutbolista, quien anotó más de 300 goles a lo largo de su dilatada carrera, que le llevó a jugar en muchos países.
Jugó en España, en Italia, en Brasil, en Grecia, en Angola o en Uzbekistán, y en clubes históricos, y otros tan modestos y de categorías inferiores como el Mogi Mirim, el Sao Caetano o el Santa Cruz. Pero la historia podría haber sido muy diferente si Rivaldo se hubiera retirado, como estuvo a punto de hacer cuando tan solo tenía 15 años, y veía que las oportunidades con las que siempre había soñado no se le presentaban. Esto le hizo replantearse todo.
Por suerte, su madre le convenció para que cambiara de opinión, y el resto es historia. Aunque, en la entrevista, dejó claro que nunca olvidó sus orígenes humildes. “Recuerdo siempre a mi papá trabajando mucho y a mis hermanos sufriendo. Pasar hambre es peor de lo que todos se imaginan. Hoy estoy aquí, muy bien, pero eso no me lo voy a olvidar más en mi vida. Cuando veo la violencia, la falta de trabajo y el hambre me dan ganas de llorar. Porque yo era parte de todo eso. Por suerte mis padres me educaron muy bien, y nunca llegué a robar a nadie”, sentenció.