Ramon Pellicer, sobre leer en misa cuando era niño: “Me felicitaron mucho y me gustó, me sentí muy bien”

Ramon Pellicer lleva décadas delante de una cámara, pero su relación con hablar en público empezó mucho antes de llegar a TV3. El periodista ha explicado que uno de los primeros momentos en los que descubrió que se sentía cómodo comunicando ocurrió cuando todavía era un niño y vivía en el Poblenou de Barcelona. No fue en una radio ni en un estudio de televisión, sino leyendo delante de los asistentes a una misa.

Pellicer lo recordó recientemente en Mirador Barcelona, de betevé. Durante una celebración de Pascua en la parroquia de Sant Pancràs, el mosén preguntó a sus padres si el pequeño Ramon podía hacer una lectura en voz alta. Ellos decidieron que fuera él mismo quien aceptara el reto. El resultado terminó dejándole una sensación que todavía recuerda: “Me felicitaron mucho y me gustó, me sentí muy bien”.

Una primera experiencia delante del público

Aquel episodio no quedó como una simple anécdota infantil. Después de esa primera lectura, Pellicer siguió participando como lector tanto en misa como posteriormente en la escuela. Él mismo relaciona aquellas experiencias con el nacimiento de ese “cuquet” por comunicar que terminaría marcando su trayectoria profesional.

Ramon Pellicer TV3
Ramon Pellicer TV3

El escenario también tiene mucha importancia en sus recuerdos. Pellicer pasó los primeros 26 años de su vida en el entorno del Poblenou, concretamente en el barrio del Parc i la Llacuna. Allí construyó buena parte de sus primeros vínculos y empezó a desarrollar una facilidad para expresarse delante de otras personas que años después convertiría en profesión.

Del lector de misa a una vida delante de las cámaras

Con el tiempo, aquella comodidad al hablar ante otros se transformó en una carrera ligada completamente a la comunicación. Pellicer ha pasado por radio y televisión, aunque su rostro está especialmente asociado a los informativos de TV3, donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria. Lo interesante es que, al mirar hacia atrás, no sitúa el origen de todo en un gran momento profesional ni en una decisión académica. Lo encuentra en algo mucho más pequeño, un niño que acepta leer unas líneas durante una celebración religiosa y descubre que le gusta sentirse escuchado.

Años después, la seguridad frente a las cámaras parece algo completamente natural en Pellicer. Pero él mismo sabe exactamente dónde empezó a intuirla: en aquella parroquia del Poblenou, tras recibir unas felicitaciones que hicieron que quisiera volver a ponerse delante de los demás.