Quim Masferrer y su amor por la naturaleza: “Mis padres son grandes buscadores de setas, me gusta el bosque”

A Quim Masferrer le gusta salir al bosque, aunque prefiere dejar la búsqueda de setas a quienes realmente saben encontrarlas. En su familia tiene dos especialistas, como lo son sus padres. Lo explicó en El matí de Catalunya Ràdio, con Ricard Ustrell: “Mis padres son grandes buscadores de setas”. Su plan favorito entre árboles es más sencillo: caminar, pasear y disfrutar del entorno sin estar pendiente de llenar una cesta.

El presentador de El foraster reconoció con humor que no domina esa afición tan vinculada al otoño. Haber crecido en un pueblo y tener unos padres expertos no le ha transmitido automáticamente sus habilidades. Tampoco siente especial entusiasmo por avanzar mirando al suelo para localizar ejemplares. El bosque le interesa por otras razones, y su explicación permite reconocer una manera de disfrutar de la naturaleza que no necesita una recompensa al terminar el paseo.

El amor por la tierra que aprendió en casa

Ese vínculo tiene raíces familiares. Quim Masferrer ya explicó que su padre, payés, le había enseñado a querer la tierra. Durante la infancia, sin embargo, ayudarlo en el huerto era una obligación que llevaba mal. Arrancar patatas estaba lejos de sus planes preferidos. Con los años, aquella relación cambió y empezó a ser él quien preguntaba si hacía falta echar una mano.

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En este sentido, su historia muestra cómo cambia la relación con los lugares donde hemos crecido. Una tarea que de pequeño parecía pesada puede convertirse después en una ocasión para compartir tiempo. En su caso, el paisaje también está asociado a las personas que lo conocen y lo trabajan. Su padre identifica los límites del territorio y conserva una relación práctica con él; Masferrer explicó que su propia conexión pasa especialmente por la gente.

Caminar sin convertir la salida en una obligación

De esta manera, el paseo tiene valor por sí mismo. Quien sale a buscar setas puede concentrarse en reconocer especies y revisar determinados rincones. Quien prefiere caminar puede detenerse, cambiar de dirección o continuar sin tener que encontrar nada. Las dos maneras de recorrer el bosque comparten escenario, pero proponen experiencias diferentes. La de Masferrer resulta cercana para quienes disfrutan estando fuera sin dominar ninguna actividad concreta.

Así pues, su confesión conserva algo cotidiano: compartir una afición familiar no obliga a vivirla exactamente igual. Sus padres disfrutan buscando setas y él prefiere pasear. El bosque les ofrece espacio para ambas cosas, sin necesidad de regresar todos con la misma cesta.