Quim Masferrer ha convertido los pueblos pequeños en una parte esencial de su carrera, especialmente desde el éxito de El Foraster. Pero esa conexión no nació en televisión. Tiene mucho que ver con Sant Feliu de Buixalleu, el municipio de la comarca de la Selva en el que nació y donde empezó a construir una relación muy concreta con la vida rural, la proximidad entre vecinos y los paisajes del Montseny.
Sant Feliu de Buixalleu es un municipio muy disperso, formado por pequeños núcleos, masías y zonas rurales repartidas por un territorio amplio. Su carácter está marcado por los bosques, la agricultura y una vida mucho menos urbana que la de las grandes ciudades. Ese entorno ayuda a entender por qué Masferrer se mueve con tanta naturalidad cuando entra en pueblos pequeños y empieza a hablar con desconocidos.
Naturaleza, iglesias románicas y mucha calma
El municipio se encuentra entre los contrafuertes del Montseny y las Guilleries, en una zona donde abundan encinas, alcornoques, pinos y castaños. El paisaje alterna montaña, caminos, campos y masías, creando esa sensación de tranquilidad rural que Masferrer ha convertido casi en una seña de identidad televisiva.
También conserva un patrimonio histórico importante. La iglesia de Sant Feliu tiene origen románico y conserva buena parte de su estructura del siglo XI, mientras que el municipio reúne otras iglesias, ermitas y restos medievales. Todo ello refuerza esa imagen de pueblo donde la historia sigue presente en el paisaje cotidiano.
El origen de una forma muy particular de mirar los pueblos
Masferrer siempre ha mostrado orgullo por sus raíces rurales. Antes incluso de convertirse en uno de los rostros más conocidos de TV3, ya llevaba consigo esa manera de observar la vida de pueblo: escuchar historias pequeñas, interesarse por personajes anónimos y encontrar valor en lugares que normalmente no ocupan titulares. Por eso Sant Feliu de Buixalleu puede entenderse como algo más que su lugar de nacimiento. Es un escenario que ayuda a explicar la esencia de El Foraster: carreteras secundarias, núcleos pequeños, iglesias antiguas, naturaleza y vecinos que terminan convirtiéndose en protagonistas.
Masferrer ha recorrido decenas de municipios catalanes, pero esa fascinación por los pueblos pequeños tiene un punto de partida muy concreto. Sant Feliu de Buixalleu le enseñó desde niño que detrás de una comunidad diminuta puede haber tantas historias como en una gran ciudad. Y quizá por eso consigue entrar en esos lugares sin mirar nunca por encima del hombro. Para él, el mundo rural no es un decorado televisivo. Es, literalmente, el lugar del que viene.
